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Tiñana: el “paraíso lagarero”, en peligro

La parroquia con más empresas sidreras de Asturias, una por cada sesenta habitantes, registra un descenso en las ventas de entre el 50 y el 80 por ciento por la pandemia

Por la izquierda, Manolo Riestra, de Sidra Muñiz; Carlos González, de Sidra Fanjul, y Alberto Fanjul, de Sidra Quelo. | Miki López

Por la izquierda, Manolo Riestra, de Sidra Muñiz; Carlos González, de Sidra Fanjul, y Alberto Fanjul, de Sidra Quelo. | Miki López

Pasando las grandes naves industriales de Meres –otrora pumaradas–, se esconde Tiñana, una pequeña parroquia de Siero, con menos de mil habitantes que acoge la mayor concentración de lagares de Asturias, y quizá del mundo”: uno por cada sesenta habitantes. La tradición de los vecinos está empapada de

Así de crudo es el relato de tres de los siete lagareros que aún permanecen en la parroquia sierense –antaño fueron casi una quincena–. Resisten en sus negocios familiares, esperando a que un elixir, en forma de vacuna, salve a la pócima más conocida de la región, el zumo de manzana fermentado. Por que si no, advierten, “cerraremos”.

Llagareros de Tiñana Miki López

Carlos González, a sus 57 años, lleva ya 40 en el lagar. Heredó Sidra Fanjul de su padre y este de su tío. Nació en la parroquia sierense cuando había “incluso más lagares y menos población que ahora”. Entonces se dedicaba a esta actividad “más gente local”, mientras que en la actualidad “una parte importante de los vecinos viene básicamente a dormir”.

Menos ventas: La pandemia ha tenido como consecuencia el cierre de la hostelería, justo donde se vendía la práctica totalidad de la sidra, provocando un importante descenso en las ventas

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Sobre el motivo de tal cantidad de elaboradores en un espacio tan pequeño, apunta a los “lazos familiares y la situación geográfica”. Su pesadilla, como la de sus colegas, es la crisis. “Esta claro que gran parte de nuestra historia pasa por la sidra y que en estas condiciones su mantenimiento se complica”. Solo le sale una palabra: “Desesperante”. Sus ventas han caído “un 50 por ciento” desde marzo. Con la hostelería cerrada, el producto no tiene salida y se acumula en los toneles: “Los tenemos llenos, podríamos inundar Tiñana o formar un río nuevo con ellos”, ironiza. “O la vacuna lo salva todo” o necesitarían “una solución antes de que se produzca la próxima ‘cosechona’”.

Esa “solución” pasaría por “algo similar a la Ley del Vino”, que la administración se hiciera cargo de adquirir parte de la sidra acumulada, “la de peor calidad, para destilar vinagres o vino”. En caso contrario, “no podremos comprar la manzana, porque tenemos acumulado un stock brutal de fermentado”. Porque lo de vender a domicilio como alternativa a los bares lo considera un chiste. “Intentamos hacerlo con una furgoneta y fue un desastre. La persona que repartió 20 cajas por Avilés echó un día entero, hizo 300 kilómetros y se trajo varias multas de aparcamiento. Y a quién se explica que “no se puede dejar el coche a dos manzanas para mover una caja de varios kilos”, se queja.

Menos ventas: La pandemia ha tenido como consecuencia el cierre de la hostelería, justo donde se vendía la práctica totalidad de la sidra, provocando un importante descenso en las ventas.

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Otro que lleva toda la vida entre toneles es Manolo Riestra, propietario de Sidra Muñiz, que en sus 57 años de existencia siempre ha participado de todo lo relacionado con esta bebida: “Es algo que vives, va mucho más allá de lo material o el negocio”. Su padre comenzó trabajando en el actual lagar el año de su fundación, en 1934, antes de acabar adquiriéndolo en 1970. No es de extrañar que, con tal aprecio por la sidra, celebre que Tiñana sea “la zona con más lagares, con mucha diferencia”. Aunque coincide con González en que el pueblo es “más una localidad dormitorio, que un vivero de trabajadores”.

“Seguimos teniendo algunos cultivos importantes, nosotros mismamente contamos con 20 hectáreas”. Sin embargo, de poco sirve toda esa fruta si el jugo no se vende. “Calculamos que hemos perdido un 45%. Para nosotros no hay salida sin la hostelería y consideramos que vale más que se tome en un entorno controlado, como pueden ser los bares que, como pasa ahora, en las casas”, concluye.

Cosecha: Para este año se prevé una cosecha de gran magnitud. Sin embargo, con los toneles llenos, los lagareros advierten de que no podrán comprar la manzana, rompiendo la rueda del sistema.

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Más extrema es la postura de José Palacio, de Viuda de Palacio. Nunca había afrontado una crisis como esta en sus 49 años de vida. Ahora, como cabeza del lagar familiar entiende que “todo pasa por ayudas o habrá cierres, porque nos estamos desangrando”.

La empresa familiar, que ahora comanda, registra un descenso en las ventas del 80 por ciento, y no acaba de ver movimientos efectivos de la Administración para salvar “uno de los principales emblemas de la cultura asturiana”. Solo mantener la sidra en los toneles le cuesta “3.500 euros en luz al mes”. Mira al horizonte desde su fábrica y ve las naves industriales de Meres: “Allí había pumaradas”. Y piensa que o la cosa mejora o de los lagares también se hablará en breve en pasado.

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