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Luto por una gran matriarca del afuega’l pitu

El fallecimiento de Oliva Fernández Tamargo, elaboradora artesana de Temia (Grado), deja huérfana a esta variedad quesera

Por la izquierda, María Luz y Filomena Martínez, Ramona González y Oliva Fernández, las cuatro matriarcas del afuega’l pitu, en un homenaje en Grado en 2017.

Por la izquierda, María Luz y Filomena Martínez, Ramona González y Oliva Fernández, las cuatro matriarcas del afuega’l pitu, en un homenaje en Grado en 2017.

La repentina muerte de la artesana quesera Oliva Fernández Tamargo ha dejado huérfana a la gran familia del afuega’l pitu al perder a una de sus matriarcas más ilustres, ya que ha tenido un activo protagonismo durante las cuatro últimas décadas, siempre con mucha humildad, en la recuperación, desarrollo, impulso, promoción y consolidación de esta variedad quesera que estaba en vías de desaparición a comienzos de los años ochenta del siglo pasado y que actualmente ocupa el segundo lugar, tras el cabrales, en la producción de los quesos artesanos asturianos. Si el consumo y comercialización del afuega’l pitu de “trapu” se mantiene hoy se debe en gran parte gracias a Oliva la de Temia y su familia.

Oliva Fernández, con el premio “Quesero Mayor de Asturias”, entregado a título póstumo a su hijo Fran, junto a la entonces consejera María Jesús Álvarez, y su nuera, Verónica Álvarez.

El despegue industrial de los años sesenta y setenta motivó el éxodo rural de muchos jóvenes asturianos que dejaron las duras e improductivas tareas agrícolas y ganaderas de sus pueblos natales para instalarse en las grandes urbes cercanas a los fabriles polos de desarrollo en busca de un futuro más estable para sus familias. En aquel éxodo rural participaron también Oliva Fernández y su marido Francisco Sánchez, “Pachu”, ambos naturales del pueblo de Temia, en la parroquia de Rañeces, en Grado. Dejaron su aldea para irse a vivir a Avilés y a Corvera, cerca de Ensidesa, donde Pachu había encontrado un trabajo estable. Mientras él acudía a la gran acería, Oliva ya comenzaba a desarrollar su espíritu emprendedor al abrir una modesta academia de corte y confección.

Oliva retorna a Temia, tras el fallecimiento de su padre Aurelio, para no dejar sola a su madre, María Tamargo, y ayudarle en las tareas agrícolas y ganaderas. Aquel regreso puntual se convirtió en viaje definitivo de vuelta a principios de los ochenta, cuando la familia fija de nuevo su residencia habitual en su localidad natal. Mientras Pachu se desplaza diariamente desde Temia hasta Avilés para trabajar en Ensidesa, Oliva, que había aprendido de su madre la tradición de elaborar quesu afuega’l pitu, comienza a sacarle rendimiento económico al aprovechar los excedentes lácteos de sus vacas, que ya no se entregaban a las grandes industrias transformadoras, para elaborar piezas que bajan a vender semanalmente al mercado dominical de Grado.

En enero de 1983 Oliva participa por primera vez en el certamen del afuega’l pitu de La Foz de Morcín con un queso de la variedad “atroncáu blancu”. Se celebraba la tercera edición de esta feria y la modalidad atroncada era propia de los concejos de Grado, Salas y Pravia, mientras que la de “trapu” era originaria de Morcín y Riosa. La diferencia entre ambas varía en que la primera se elabora en unos moldes troncocónicos mientras que la de “trapu” se deja desuerar envuelta en un paño o fardela que se cuelga con una pinza, lo que requiere un esfuerzo adicional para el artesano quesero. El color rojo o blanco lo diferencia el pimentón añadido a la cuajada.

Ante la escasa producción del “quesu de trapu”, la Hermandad de La Probe, organizadora del Certamen, le solicita a Oliva que pruebe a elaborar esta variedad, más propia de otra comarca, para que no se pierda la tradición y, en 1985, Francisco Sánchez, “Pachu” su esposo, participa en la feria quesera de Morcín con una pieza de “roxu de trapu”. En 1988 Oliva consigue el primer premio en la variedad “atroncáu blancu” y en 1989 sus piezas son valoradas como las mejores en “roxu de trapu”. En 1990 gana en “blancu de trapu” y en 1991 consigue un doblete en “roxu y blancu de trapu”.

El éxito en la calidad de sus quesos hace que su hijo mayor Fran se sume al proyecto familiar y decide abandonar su profesión de peluquero en Oviedo para retornar también a su pueblo con el fin de instalar en Temia la primera quesería artesana de afuega’l pitu con registro sanitario: un auténtico e histórico hito en aquella época. Toda la familia, Oliva y Pachu, y sus hijos Fran y Dani, participan en la construcción de la nueva y moderna quesería, primero de planta baja, a la que después se añade otro piso superior. Aquella gran ilusión familiar recibe un gran mazazo pocos años después cuando en 1998 fallece Pachu y la familia pierde a uno de sus referentes.

Fran, como primogénito, asume la responsabilidad de dar un paso al frente y, además de elaborar queso, aquel joven emprendedor comienza a participar en ferias y certámenes, no sólo en Asturias sino por toda la geografía nacional, para dar a conocer su producto. Fruto de aquel trabajo se consigue por primera vez en la historia que un afuega’l pitu tuviese protagonismo en las estanterías de las grandes superficies y en las mesas y manteles de reconocidos restaurantes. Incluso se traspasaron fronteras, con el apoyo de la Comercializadora Asturiana de Alimentos (COASA) y de Crivencar, es decir, de Marino y de César, para poder ser adquirido en la Quinta Avenida de Nueva York. Todo esto ocurría mucho antes del 2003, cuando la Unión Europea aprueba la Denominación de Origen Afuega’l Pitu, sello de calidad del que Fran siempre formó parte de su Consejo Regulador, hasta su fallecimiento en 2015 a la temprana edad de 49 años.

Oliva, Fran y su familia han puesto a Temia, una pequeña aldea de apenas diez habitantes, en el mapa gastronómico asturiano, español e internacional. Eso es hacer patria. Personas de pocas palabras y de muchos hechos, constantes innovadores que supieron levantarse tras caerse y afrontar las crisis con imaginación y nuevas ideas, como cuando crearon el queso Don Gonzalo, un afuega’l pitu recubierto de finas hierbas con un sabor especial, o un requesón ideal para postres, o la crema a la que añadían pimentón y aguardiente.

El sector agroalimentario asturiano y el afuega’l pitu han perdido a esta gran matriarca y emprendedora, que combinaba la experiencia con sabiduría y humildad y que retornó a sus orígenes para potenciar un producto artesano apenas conocido en aquella época y que hoy es el segundo queso de Asturias, tras el Cabrales, con ocho querías artesanas instaladas en Grado, Salas, Pravia y Tineo. Oliva transmitió a su hijo Fran la tradición del afuega’l pitu que había recibido de su madre. Lo mismo hicieron otras matriarcas como las hermanas Filomena “Minina” y Mari Luz Martínez, quienes trasladaron a sus respectivas hijas esa tradición que les hace gestionar hoy con éxito a Marta la quesería artesana Ca Sanchu, en Ambás, y a Isabel y Ana la quesería La Borbolla. Oliva, junto a “Minina”, Mari Luz, y Ramona González, de Llamas de Santianes, son fieles ejemplos de esas matriarcas rurales asturianas que han desarrollado una extraordinaria labor con su sabiduría y experiencia.

Oliva, Fran y Pachu han dejado una profunda huella en el afuega’l pitu y han internacionalizado a Temia, el nombre de su pueblo y de su quesería. Su hijo Dani y sus nietos Hugo y Lucas deben mostrarse muy orgullosos de la excepcional labor realizada por esta humilde familia.

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