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Negales hace piña para reformar una panera con más de dos siglos de historia

“Cada fin de semana nos hacemos un aperitivo y disfrutamos, todos ayudan”, dicen los vecinos

Por la izquierda, Pedro Sánchez, Montse Moro, Juanvi García, Armando Llosa, Narciso Bejarano y Toño Cuenco, ayer, en Negales (Siero). | A. I.

Por la izquierda, Pedro Sánchez, Montse Moro, Juanvi García, Armando Llosa, Narciso Bejarano y Toño Cuenco, ayer, en Negales (Siero). | A. I.

Los miembros de la Asociación de Vecinos de Negales (Siero) se han unido para reformar una panera con más de dos siglos de antigüedad. Un proceso que están “disfrutando mucho”, pues quedan, normalmente cada fin de semana, para tomar un buen aperitivo, charlar y trabajar.

La historia comenzó en 2017, cuando los propietarios de una antojana en la que se encontraba la tradicional construcción asturiana, “en muy mal estado”, se la cedieron al colectivo. Tardaron después otros dos años, hasta 2019, en conseguir los permisos para moverlo a la zona recreativa que se sitúa en la entrada del pueblo y, a partir de ahí, iniciaron la obra.

Destacan los 20 implicados en la reforma que buena parte del núcleo, que cuenta con unas 38 viviendas, ha participado. “Nos había dicho el Ayuntamiento que igual podía ayudarnos con los materiales. Eso al final no se dio y fueron los vecinos los que nos cedieron la madera”, explica Montse Moro. Precisamente, fue para trasladarla cuando más gente necesitaron. “Una vez movido todo a su posición, para trabajar, no se necesitan tantos. Unos trabajan, otros charlan y otros traen el aperitivo”, comentaba ayer entre risas Armando Llosa, mirando hacia Moro.

Vecinos de Negales, ante la panera.

Ese buen ambiente se traslada a sus quedadas, mayoritariamente los fines de semana. “Durante el confinamiento solo podíamos venir dos o tres y con la distancia. Ahora cogimos costumbre de ir viniendo los sábados y los domingos, salvo algunas personas mayores que no trabajan y pueden avanzar entre semana”, subraya Toño Cuenco, presidente de la Asociación.

Más allá de “los vinos españoles”, el grupo obrero agradece el apoyo generalizado que han tenido por parte de los integrantes de la localidad, “algunos incluso dieron dinero al ver que no estaban en condiciones de aportar esfuerzo físico”.

En el extremo contrario, una de las anécdotas que recuerdan con humor: “Hubo un paisano que nos amenazó con una pala de dientes por pasar por un camino público con la madera. Cosas que pasan en los pueblos”, rememora Llosa.

Ayer no se pusieron a la faena, a la vista de la chubascada que estaba cayendo, pero su idea es no demorar mucho el final de la obra, “esperemos que esté antes del verano y podamos hacer ya una espicha”, comentan.

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