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La panera de Santianes de Molenes (Grado) desmiente su grandeza: no es la mayor del mundo aunque lo parezca

La estructura es probablemente la mayor de Grado, pero mide 17 metros de largo, 10 menos de los que se le atribuyen en las redes sociales

Pipo Estrada, ayer, en la escalera de acceso a la panera, en Santianes de Molenes (Grado). | S. Arias

Pipo Estrada, ayer, en la escalera de acceso a la panera, en Santianes de Molenes (Grado). | S. Arias

En Santianes de Molenes (Grado) hay estos días revuelo a cuenta de una de sus paneras. En las redes sociales se especula desde hace días con el hecho de que este granero elevado “sea el más grande del mundo”, pues una medición realizada a través de una aplicación remota le atribuye un tamaño de 27 metros de largo por ocho de ancho. El debate sobre si es o no es la de mayores dimensiones ha sorprendido a uno de sus tres propietarios, José Indalecio Estrada Álvarez, “Pipo”, que lo primero que hizo al saber del supuesto récord fue coger la cinta métrica para comprobarlo. No ha sido posible dar fe de lo que otros le atribuyen a la estructura, pues el resultado mengua, y bastante, las expectativas iniciales: a él le han salido 17 metros de largo por 7,20 de ancho y una altura de entre 1,70 y dos metros.

“Como mucho será de las más grandes de Asturias y puede que la mayor de Grado”, concluye Estrada, que explica que hay documentación escrita sobre la existencia de esta edificación desde principios del siglo XIX. Una panera que, en su origen, no era tan grande como ahora. La actual es fruto de la unión de dos más un hórreo que fueron juntados hace más de dos siglos.

De hecho, la panera tiene tres dueños y las marcas que diferencian las tres construcciones originarias que dieron lugar a solo una son visibles en la piedra, la carpintería del corredor o en los propios pegollos, con siete a cada lado y dos centrales.

“La noticia más antigua sobre esta construcción que tenemos documentada es de 1802 y en ese momento ya estaban las tres paneras unidas. Se menciona también para contar cómo las tropas de Napoleón venían a requisar productos”, explica. A sus dueños, en realidad, si el tamaño es o no de récord no les importa.

Quizá no sea el granero más grande del mundo pero sí puede que sea la mayor panera de Grado. Al menos, así lo piensa el cronista oficial del concejo y experto en la etnografía local, Gustavo Adolfo Fernández. “Habría que realizar una medición con otras, mismamente en el palacio de Santianes hay una espectacular que es casi tan grande como la de Estrada”, explica, en referencia a la ubicada en otro punto de la misma localidad moscona.

Estrada, con la cinta, dispuesto a medir el largo de la panera, ayer, en Santianes de Molenes. | S. Arias

Lo que nadie ha logrado saber es el motivo por el que tres construcciones se unieron en una sola. Ni sus propietarios. Aunque Estrada sospecha que probablemente se debió a una decisión práctica. “Quizá era el sitio idóneo para que las casas de alrededor las tuvieran juntas, la panera era muy necesaria y había que ir cada dos por tres”. Por su parte, el cronista de Grado añade otra teoría: “Da la sensación de que las unieron para hacerla más grande que la del señor del pueblo”.

Haya sido por una u otra razón, la panera de Santianes de Molenes es enorme, enclavada en el centro del pueblo entre varias viviendas. “Antes ibas a la panera como quien va a la despensa o la nevera y, ahora, lo que te estorba lo dejas allí”, dice Estrada. Antaño en ella guardaban las patatas, la escanda para hacer el pan, las fabas y de los corredores colgaban las riestras de maíz tras la esfoyaza. “Incluso había unas tablas donde se guardaba el pan y aguantaba ahí de diez a 15 días. Y en una de las esquinas se hacían las salazones”, detalla, mientras muestra el interior.

Ya en la parte exterior, debajo de la estructura elevada, enseña al visitante el lugar en el que se instalaban los profesionales de la cestería, conocidos como goxeiros. Vestigios de aquella artesanía hay en los pegoyos de la panera, donde perviven varios agujeros para colocar unos palos con los que deshacían en láminas las cañas de avellano con las que luego tejían cestas y goxos. También bajo la panera trabajaban artesanos madreñeros.

“Santianes tuvo Ayuntamiento y doce parroquias, fue muy boyante durante tiempo, de aquella había dos ferrerías, dos escuelas y tiendas”, apunta Estrada, que ha pasado casi toda su vida en Avilés por trabajo y ahora disfruta la jubilación en la casa familiar.

Y no contento con la gran panera que tiene, compró un hórreo cercano que rehabilitó para organizar encuentros con familia y amigos. Pero la vista siempre la tiene puesta en el tesoro etnográfico que comparte con otros dos propietarios. Juntos han solicitado una subvención pública para financiar la obra del tejado “y otras partes como los obispos, que no están bien”.

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