Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

El declive del vestuario masculino, a análisis: “Zuckerberg va de mendigo”

Michel Suárez, poleso estudioso de la historia, analiza los cambios en los hábitos de vestimenta masculina

Míchel Suárez, en la Pola.

Míchel Suárez, en la Pola.

Que los hábitos de vestimenta masculina han cambiado mucho en el último siglo es una obviedad. Sin embargo, no lo son tanto sus implicaciones filosóficas, sociológicas, políticas y económicas. En ese meollo se introduce el poleso estudioso de la historia Míchel Suárez, que detalla sus pensamientos en la conferencia: “Ponerse un traje, mutaciones de la elegancia masculina”, que pronunciará para la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED). Las conclusiones, muy profundas, se resumen en una frase, que la moda masculina ha evolucionado “del traje al harapo”. Como ejemplo pone, por un lado, a los obreros de los años 30, “que aunque fuera solo los domingos se ponían elegantes”, y por otro, al creador de Facebook, Mark Zuckerberg, “que va de mendigo, lo que me parece una injusticia para los propios mendigos”.

Mark Zuckerberg | R. A. I.

Mark Zuckerberg | R. A. I.

Suárez se adentra en esta temática debido a su “pasión por el mundo de la sastrería”. El recorrido lo inicia en uno de sus momentos favoritos de la historia, los años veinte y treinta del siglo pasado. Explica que aquella fue “la época dorada del traje”. Entonces aún se valoraba la vestimenta como “un elemento civilizador, siguiendo la estela del sueño ilustrado del siglo XVIII”. Pero, a pesar de que el traje de dos o tres piezas tuviera una función importante a la hora de recalcar el estatus de la gente más pudiente, Suárez recuerda que el primero que lo llevó fue Keir Hardie, “un minero, que luego fundaría el Partido Laborista” británico y sería su primer presidente.

Esa es una de las claves del discurso del poleso: “El traje tenía un componente civilizador y decía mucho de las sociedades que lo usaban”. Recuerda que “hasta los industriales y los obreros lo usaban un día a la semana, el domingo”.

Michel Suárez durante una conferencia. | R. A. I.

Michel Suárez durante una conferencia. | R. A. I.

Ese vestir impecable, se fue difuminando muy poco a poco. De la época que Suárez señala como dorada, las décadas de 1920 y 1930, se pasó a una ligera relajación “en los años sesenta, abandonando la rigurosidad del patrón”, que se aceleró a partir de 1970. “Aquello fue una completa hecatombe”, plantea el estudioso. Este cambio brusco tuvo que ver “con el movimiento hippie y los nuevos hábitos de vida que se generaron por esa contracultura”.

El siguiente paso en la dirección contraria a lo que Suárez entiende como “preferible” se dio en la última década del pasado siglo. “Se empezaron a generalizar la ropa de deporte y la de montaña, por ejemplo, como prendas de vestir en circunstancias sociales y laborales”.

Diseños de José Luis Rey Vila en 1932.

El siguiente paso lo darían los “mandarines de las grandes compañías”, siempre acompañados de un movimiento “a pie de calle, en la supuesta clase media propia de este siglo”. El ejemplo que más rápido le viene a la cabeza al poleso es el fundador y presidente de Facebook, Mark Zuckerberg. “Gente como él dice que no pueden gastar tiempo en cosas fútiles como la vestimenta. Entienden que la esencia de la vida está condensada en un logaritmo”.

Ahí se corona la era “del harapo”, adoptando una forma de vestir “asemejada a la de un mendigo, algo que es un agravio para ellos”. Pero, ¿qué hay detrás de esta tendencia? Lo primero, en opinión de Suárez, el abandono de la forma de pensar del novelista francés Honoré de Balzac. “Él decía que la vestimenta dramatizaba la vida. Sin embargo, una gente de Silicon Valley dejó de pensarlo así y lo ve al contrario”.

Como resultado, lo que el experto llama una “uniformización e infantilización del adulto”. Se abandonan incluso “los códigos morales, de civilización, respeto, pudor y decoro hacia los demás que llevaba aparejado el traje, el buen vestir”.

Michel Suárez, en el centro, con sus sastres, en su taller. | R. A. I.

Observa, por tanto, “una degradación moral”. “Llegamos a un punto en que la gente sale con los pantalones enseñando media nalga o similares. Tenemos que vivir en común, ¡qué menos que resultar agradable a la vista!”, exclama.

Este análisis, “considerablemente más ampliado”, lo expondrá Suárez a los alumnos de la UNED, aunque reconoce que, “en una conferencia de una hora, es imposible abundar en todos los componentes de esta involución de la vestimenta”.

Compartir el artículo

stats