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María Jesús García: “No pude estudiar, estuve siempre en casa trabajando y cosiendo”

La costurera y agricultora opta a “Mujer sierense del año” a propuesta de la asociación Lúpicos

María Jesús García, ayer, en su domicilio de Carbayín. | A. I.

María Jesús García, ayer, en su domicilio de Carbayín. | A. I.

María Jesús García Camino es de Carbayín, nació en 1952, no pudo estudiar, fue costurera y agricultora, cuidó de su hermano, se retiró de la actividad por el lupus y, ahora, es candidata al Premio “Mujer Sierense del año”, que se fallará el 8 de marzo, coincidiendo con el Día Internacional de la Mujer. La propuso la asociación Lúpicos, que atiende a las personas que padecen de esa dolencia. Ella, con mucha gracia, ante la atención de los medios, apunta: “En vaya lío me han metido”.

Explica García que pasó los primeros años de su infancia en Carbayín, “hasta los seis años”, cuando se fue con una tía, a Cotorraso. “Estaba de maestra y vivía con ella. Venía a casa solo los fines de semana y luego, a los 14, regresé.

Cuando ya tenía 22 años, tuvo un hermano, al que tuvo que cuidar al morir su madre, cuando el joven solo sumaba 12. “Estuve siempre trabajando aquí en casa, cuidando a mi padre, y luego para los de Vigil Escalera cosiendo. A mi madre le amputaron una pierna y luego falleció”.

En casa le tocó atender a todo, primero al campo y luego “a traer la ropa para casa y dedicarme a coser hasta la noche”. Su actividad no acababa ahí, también le tocaba salir del concejo de Siero a hacer negocio para sustentar a la familia. “Llevaba boroña y fabes a vender a Sama de Langreo. No tenía ‘perres’, ni carne, tenía que coger el bus. De hecho, a día de hoy, me tienen que bajar en coche al tren, a Carbayín”, asevera. De aquella, con más energía, no solo iba en transporte público hasta Sama, después de una buena caminata hasta la estación, sino que “tenía que coger el agua de la fuente”, entonces “no había ni agua corriente ni carreteras”.

“Mi padre trabajaba fuera, en Pumarabule, pero estaba más en casa que trabajando por las úlceras y mi madre no trabajó nunca y murió a los 55 años”, relata la nominada al “Mujer sierense del año”.

Esa forma de vida le negó la posibilidad de hacer otras cosas que hubiera deseado. Lo primero en lo que piensa, los estudios: “Lo primero ya hubiera podido estudiar. Pero como para estudiar estaba la cosa”, apostilla. Dejó las clases a los 14 años “para empezar a coser”. A los 15 ya cosía algo para empresas, “para Vigil Escalera”, concreta. Eso sí, de aquella, “no teníamos ni seguridad social, ni nos pagaban nada, los últimos vestidos a seis euros”.

El lupus le llegó a los 46 años y tuvo que dejar su actividad profesional: “Caí varias veces y estoy muy mal de la espalda”. Sin hijos, se junta con sus familiares para comer todos los fines de semana. “Siempre viene algún primo”, subraya.

El resto de su vida es coser y cocinar, siempre que su salud se lo permita. Cuando el lupus le deja, ve los vídeos “de la Güela Pepi”, que le encantan y ensaya sus recetas en los fogones de su casa de Carbayín que, quizá, pueda decorar con el galardón de “Mujer sierense del año”.

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