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Seis décadas de una pasión sobre ruedas

Ismael Miranda, de 75 años, lleva desde los 15 restaurando y coleccionando motos antiguas: “Les doy vida y ellas me la dan a mí”

Ismael Miranda, con parte de su colección de motos, en Quintes (Villaviciosa). | Vicente Alonso

Ismael Miranda, con parte de su colección de motos, en Quintes (Villaviciosa). | Vicente Alonso

Restaurar motos antiguas es un arte y de eso sabe mucho Ismael Miranda Rea, de 75 años, mecánico jubilado, de Quintes (Villaviciosa). Tanto que lleva más de seis décadas dedicado a su pasión por las piezas clásicas. Desde que se jubiló, emplea la mayor parte de su tiempo en restaurar en su taller viejos modelos. Son máquinas “abandonadas” por sus antiguos propietarios o recuperadas de chatarrerías y desguaces. Él las deja como recién salidas de fábrica.

Ahora mismo, en el garaje de su casa, en el barrio de Cimadevilla, tiene casi una docena de piezas algunas dignas de museo. “Tengo esta afición desde que en 1966 empecé a trabajar con mi padre Tomás Miranda, “Lin”, en el taller familiar. No me acuerdo de memoria, pero habré reparado centenares de motos en mi vida. Siempre me gustaron las clásicas, y ahora, jubilado, mi debilidad es repararlas y restaurarlas para devolverlas a su estado original”, explica este apasionado de las motocicletas, que posee auténticas joyas de colección, algunas con más de medio siglo de antiguedad.

Entre las piezas que atesora Miranda, destacan varias, entre ellas, una Guzzi Hispania del año 1957, la más antigua que posee. También otras, “como la mítica MV Augusta del año 1960, tres modelos de históricas Vespas, la 125 Súper del año 1974 o la 200 de 1984 ,que fue el primer modelo con intermitentes”. Otras motos por las que siente especial debilidad y lucen impecables son de la marca Montesa, una Kenya del año 1979, la King Scorpion 250 de 1972, o una de sus preferidas, la Montesa Brio, del año 1958.

Todas han sido restauradas con mucho trabajo y paciencia: “Las desmonto en su totalidad reparando motor y mecánica en general, la instalación eléctrica, los cromados y el pulido. Antes las pintaba, pero ya no puedo por una alergia, tengo que enviarlas a Valencia, en Asturias ya no hay nadie que lo haga. Lo demás todo lo hago yo”.

Detalle de las piezas de la colección V. A.

Lo más difícil, explica, es encontrar repuestos de piezas originales, que “se han puesto muy caros y quien los tiene sabe que hay pocos y piden un dineral por ellos”. Las consigo en internet y voy a mercadillos”. Una debilidad por las motos antiguas que también disfruta con el placer de conducirlas. “Los fines de semana salgo con amigos y hacemos excursiones por Asturias y hasta Santander. Hemos cogido muchas mojaduras y he tenido caídas contadas porque siempre vamos a una velocidad prudente”.

Las tres vespas históricas

Sus palabras revelan su pasión por estas históricas piezas para nostálgicos, “de las que cada vez quedan menos”, dice. Asegura que aunque tiene de cómplice a su esposa, Isabel Fernández, “a veces dice que esta afición me cuesta mucho dinero, pero sabe valorar mi trabajo y lo que disfruto al devolverles la vida”. “Esto también me mantiene ocupado y me da mucha vida a mí”, asegura orgulloso de su mayor hobby.

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