El mercado de los martes de Pola de Siero ha perdido a uno de sus habituales. Amador Molleda Canal, vecino de Baldornón (Gijón), un clásico entre los vendedores de productos de aldea, incondicional de la cita semanal de La Pola desde hace décadas, moría en la mañana de ayer miércoles, a los 83 años. Se apagaba así una voz cantarina y siempre dispuesta para la buena tertulia.

Amador Molleda estaba ingresado desde hace una semana en el hospital de Cabueñes, donde finalmente falleció. El funeral por su descanso se celebrará en la parroquia de Santa Eulalia de Baldornón, donde vivía, a las cinco de la tarde de hoy jueves. Previamente será enterrado en el cementerio de la parroquia gijonesa.

Molleda Canal era natural de Siero, de la localidad de Muncó (de la parroquia de Vega de Poja) y se casó con Alicia Vigil, de la que enviudó hace años y con la que tuvo dos hijos, Roberto y Faustino Molleda Vigil.

Era Amador un hombre muy popular, de los vendedores de antes que establecían una relación de mucha camaradería con sus clientes. “Se le va a echar mucho de menos. En su puesto casi siempre había cola porque tenía mucha labia y buena conversación”, decía una vecina de la Pola tras conocer el fallecimiento, muy comentado durante la jornada de ayer en la capital de Siero.

Desplegaba simpatía, picardía, y muchos se acordaban ayer de los días en que cuidaba de su nieta, Manuela, y la ponía a atender a las clientas mientras la miraba lleno de orgullo de abuelo.

Era además un enamorado de la música, y varios coros del concejo de Siero se beneficiaron de su buena voz y su camaradería. De hecho, hasta que la pandemia lo bloqueó todo Amador seguía cantando con una agrupación de Lieres, donde también se le echará de menos.

Carta de su hijo, Faustino Molleda Vigil


Mi padre

En este día, mientras mi padre agoniza en el hospital, he parado mi vehículo en el paso de peatones, para dejar pasar a muchas personas mayores en busca de su vacuna. En mis adentros y con la mala suerte que nos caracteriza en una familia sufrida, pienso que por tan solo unos días y justo cuando se puso enfermo, recibió la llamada. Le tocaba vacunarse. Mejor lotería imposible, la balanza cae hacia el otro lado. Los pueblos, como siempre, gran olvidados de las urbes, aún cuando a los políticos se les llena la boca de querer poblarlos de nuevo. Los políticos no tienen la culpa de nuestra desgracia, ni el Estado que surge como tal, pero sí la burocracia. Una burocracia horrible, que no llega a las personas, demasiadas vueltas para un estado de necesidad. Hubiéramos llamado un par de veces al centro de vacunación, ya que mi padre era vulnerable a este virus, dada su diabetes nivel 2. Mi agradecimiento a mi cuñada y a mi hermano por cuidar de él esta semana, así como a enfermeros/as y médicos. Me permitieron una última visita, donde le cogí las manos, la frente y el corazón. Le di el beso del adiós y solo pedía que se lo lleve ràpido y le quite esa agonía . Mi padre vivió libre y autónomo hasta el último momento, y no se escondió. No hay nadie que prepare les fabes como él, sus huevos son conocidos en toda Pola de Siero y resto del extranjero . El mercáu de los martes y su clientela de muchos años le echarán de menos, no me cabe duda. Acabo recibir la noticia... ¡Hasta siempre!