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El secreto de la mejor faba asturiana, el clima de Villavaler

Los ganadores pravianos del certamen de la Flor de Grado combinan el cultivo con la producción de berzas en otoño-invierno

Montse García y Miguel Rodríguez, ayer, en Villavaler, con el premio y envases de su faba asturiana IGP. | S. Arias

Montse García y Miguel Rodríguez, ayer, en Villavaler, con el premio y envases de su faba asturiana IGP. | S. Arias

Dos cosechas de faba de abril a octubre y el resto de meses, con berzas. Así es la producción combinada que tienen Miguel Rodríguez y Montse García en Villavaler, en Pravia, de la que ha salido la mejor faba asturiana de Indicación Geográfica Protegida (IGP) de la cosecha 2020-2021. Un premio que recibieron antes de ayer en la Primera Flor de Grado tras una cata a ciegas y después de tan solo tres años cultivando la legumbre reina de la comunidad.

Y el secreto de sus fabas, dicen, es la buena semilla que les dio la prima de él, Mari Nieves Rodríguez, también de la localidad praviana, afamada por las buenas cosechas de alubia desde antaño. En ese sentido, apuntan a un microclima especial, pues el pueblo está protegido por el norte “y la niebla no entra ni aquí ni en Inclán”, detallan. Así es cómo consiguen unas fabas de calidad “excelente”, tal y como destacó el jurado del certamen, una buena crítica que ya sospechaban por los comentarios positivos de los clientes.

Todo comenzó hace tres años. Montse García, animada por Rodríguez, dejó su trabajo en la hostelería para trabajar las tierras de Villavaler: “Los comienzos fueron caóticos. Aramos y sembramos 7.000 metros cuadrados y nacieron 34 plantas, entonces las cogí y las llevé a otra tierra y volvimos a sembrar. A la segunda vez ya salieron todas”. Al final, consiguieron una cosecha muy buena que vendieron a particulares y, por petición de un cliente, comenzaron a plantar berzas.

Primero comenzaron en San Román de Candamo, donde viven, pero las berzas terminaron flotando en la riada del Nalón de enero de 2019 “y acabaron todas en San Juan de La Arena”, bromea García, natural de San Martín de Luiña (Cudillero). De esa forma comenzaron el cultivo combinado en Villavaler, sin problemas de avenidas, y donde hortaliza y legumbre crecen en tiempos alternos. Y dándose beneficios: “La berza, por ejemplo, demanda mucho nitrógeno que es lo que la faba le aporta a la tierra”, detalla.

Así consiguen tener producción todo el año y, además, mejorando y con nuevos proyectos. Hacen dos cosechas de faba al año. La primera va de abril a julio, en invernadero, que se vende en fresco o en verde, como se conoce popularmente. Y de julio a octubre, en fincas al aire libre, tienen otra recolección. “Todo lo que producimos lo tenemos vendido a una cadena de alimentación pero el problema es el acceso a la tierra, queremos ampliar pero es muy difícil encontrar fincas. Se necesita que funcione el Banco de Tierras”, señala Rodríguez, cuya familia es natural de Villavaler.

Y como quieren continuar emprendiendo y hacerlo en el pueblo, también tienen seiscientos castaños de fruto en unos terrenos de los que disponía la familia que no son aptos para la labranza. “A los diez años dan la primera producción y es un producto que tienes la cosecha vendida y a 70 euros el kilo”, apunta. Los castaños que trajo de Galicia, donde la producción frutícola de castañas es un sector en alza, están creciendo muy bien y sanos. Aunque observan diferencias entre los que hay en Villavaler y los que tienen en Corollos (Cudillero) a cuenta del microclima: “Los de aquí son altos y frondosos y los de allí más pequeños y redondos”.

Con todo, esperan que en unos años se conviertan en otra de sus producciones complementarias a la faba asturiana. De hecho, Rodríguez ya se ha puesto, incluso, a hacer marrón glacé y no descarta aumentar el terreno plantado. “Es una pena, das una vuelta y no coges ni un kilo de castañas, son todo eucaliptos”, lamenta. Y no descarta añadir otro rendimiento al terreno destinado a los castaños con cabras. “Me niego, luego vengo yo y estoy aquí con ellas, les doy pan, y ya no podría ni comerlos”, apostilla ella.

La producción combinada de hortalizas de invierno con la faba asturiana como cultivo principal es una de las líneas que recomienda el Consejo Regulador de la IGP. Una apuesta por rotar los terrenos y profesionalizar el sector para que la faba deje de ser una renta complementaria y se alce como el nicho principal de negocio. Y la producción de Rodríguez y García en Villavaler da cuenta de ello.

Pero no todo ha sido fácil, reconocen. Pese al buen crecimiento que han tenido en estos tres años, el aprendizaje ha sido en base al ensayo y el error, aseguran. Pero su empeño por sacarlo adelante ha hecho que se levanten ante todos los obstáculos que se han presentado. Si el viento tira abajo los invernaderos, los levantan en un día y los refuerzan con mallas que eviten una nueva caída. “La idea que tenemos es ir probando cada año algo nuevo e ir aprendiendo, queremos que nuestro desarrollo sea a través de la tierra”, afirma García.

Y algo que aprendieron el primer año es que la maquinaria hace falta para trabajar con más comodidad y tiempo. “Lo que hacíamos en tres días ahora lo hacemos en uno”, destacan. La mayor parte de la inversión la han hecho en herramientas y sembradoras o fumigadoras adaptadas al cultivo de la faba. Una producción a la que tienen pensado dedicarse profesionalmente hasta su jubilación con el objetivo de seguir cultivando una faba asturiana de la máxima calidad.

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