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La hostelería de Noreña, indiferente ante la Fiesta del Picadillo por las restricciones

Los dueños de bares y restaurantes descartan que el festejo sea un revulsivo | Los locales de copas temen problemas para cerrar en hora

Una edición de la Fiesta del Picadillo, antes de la pandemia. | Archivo

Una edición de la Fiesta del Picadillo, antes de la pandemia. | Archivo

Las tradicionales fiestas de San Marcos, conocidas como las del Picadillo y el Sabadiego, llegan este fin de semana a Noreña con un buen número de actividades, pero sin las tradicionales verbenas ni la animación nocturna. Los hosteleros no tienen excesiva fe en que el festejo sirva para mejorar la situación del gremio, condenado por las restricciones, las mismas que, a su juicio, condicionarán mucho la celebración del picadillo. “Es difícil recuperar con las restricciones”, asumen.

Uno de los que espera estar lleno para comer durante el fin de semana es el Letual. Su propietario, Héctor Cueto, explica que, “mientras no nos dejen abrir los interiores para las cenas, no levantamos cabeza”. En su caso, tira del servicio a domicilio, “que sirve como parche para mantener al personal”.

Con ese panorama, la llegada de las Fiestas del Picadillo no resulta especialmente alentadora para el conocido hostelero de la Villa Condal. “Espero tener mucha afluencia a las comidas, pero con las limitaciones de aforo y demás poco vamos a solucionar. Estamos a expensas del tiempo para las cenas. Sería una lástima que lloviera”, resume Cueto.

Todavía más complicado lo tiene Aurelio Martínez “Yeyo” en su restaurante Carbón, en el que sin mucho aforo depende de poder das dos servicios de comida al día: “El fin de semana creo que se presenta lluvioso, con lo cual, en las terrazas está complicado estar. La normativa de cierre a las 21.00 horas en el local nos afecta mucho”, resume.

Además, las Fiestas del Picadillo solían suponer un importante reclamo para vecinos de otros concejos que se pasaban a comer durante el día o acudían a disfrutar de una cena y copas durante la noche. “La gente de Noreña acudirá a los restaurantes, pero no esperamos movimiento de fuera. Aunque si la gente se anima, serán bienvenidos”, concluye Martínez.

Finalmente, los que viven exclusivamente de servir consumiciones y solían ser referente en el ocio nocturno, plantean otra visión completamente distinta. Es el caso de José Carlos Baragaño “Liti”, propietario del bar El Retiro. Este deja entrever una cierta preocupación a la hora de controlar la afluencia: “Nos pasa que muchos días tenemos que empezar a cerrar antes porque hay mucha gente y cuesta que todos cumplan con todo y se vayan. Imagino que con las fiestas, en ese contexto, será incluso más complicado”, explica sin pararse demasiado en la pérdida de beneficio que supondrá que no se pueda abrir el bar hasta altas horas de la madrugada, como en ediciones anteriores de la tradicional celebración.

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