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Artesanía desde Lugones para una madre coraje

María Asunción Muñiz, “harta” de que no le dieran trabajo “al saber que tenía un hijo discapacitado”, monta un taller en su casa

María Asunción Muñiz, con algunas de sus creaciones. | A. Illescas

María Asunción Muñiz, con algunas de sus creaciones. | A. Illescas

María Asunción Muñiz tiene 50 años y vive sola en Lugones con su hijo, de 18, que padece un retraso madurativo que le detectaron a los 3 años. Juntos son felices, disfrutando de la música, una de sus grandes aficiones y, ahora, si cabe, Muñiz está aún más contenta. “Harta de que no me dieran trabajo por tener un hijo discapacitado, que entendían que me podía restar atención al empleo”, ha decidido dar un paso adelante y montar un taller de artesanía en su casa.

La marca se llama “Marirumbero” y les une aún más. “A mi hijo lo llamamos rumbero, porque está todo el día cantando por ahí, desde heavy metal hasta Rocío Jurado”, cuenta con ternura.

Meses atrás, Muñiz estaba entristecida por la situación. Tras el nacimiento de su hijo no había vuelto a trabajar y, a pesar de contar con apoyo de su ex marido, trató de reincorporarse al mercado laboral. “Había trabajado en supermercados y limpiando casas”, dice.

Sin embargo, “como en las bases de datos aparece que tengo un hijo al cargo con retraso madurativo siempre me rechazaban”. Ella se cansaba de explicar que todo era normal, “que no era alguien con quien tuviera que estar yendo al médico”.

Durante el confinamiento, para matar el tiempo, aprovechó algunos pedazos de cuero que tenía en casa y empezó a hacer complementos. “Algunas carteras, bolsos, mochilas, llaveros o incluso correas de perro y para llevar el tambor”, comenta.

Los compartió en sus redes sociales y el éxito fue total. “Los compañeros del grupo folclórico y el de teatro me decían que si se las vendía”.

En ese momento vio la luz, recuperó la alegría y empezó a planificar la posibilidad de trabajar desde casa, montando un taller: “Estoy ahora mismo acabando de completar los trámites para algunas ayudas a emprendedores y mirando cómo se puede hacer fiscalmente”, abunda.

Así podrá hacer algo que le “encanta” y que, además, le permitirá compartir experiencia desde el domicilio con su hijo.

“En el futuro podría hasta trabajar conmigo, pero ahora le quedan dos cursos en Latores y luego irá al CAI. En principio parece que le gusta la jardinería, aunque tiene muchas aficiones”, relata, ilusionada con como comienza a plantearse el futuro.

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