Grado llora al popular hostelero Gerardo Sánchez Llano, “Gerardo el de La Merced”, fallecido ayer a los 61 años. La noticia de su pérdida ha conmocionado a la villa moscona, donde la familia goza de un gran aprecio entre los vecinos. Sus padres, Ramón “El Pesao” y Conchita Llano, regentaron el conocido establecimiento durante décadas.

La Merced fue primero una cafetería y afamada confitería que después se convirtió en un punto indispensable de las jornadas de vermú durante los domingos en la villa, cuando ya estaba en manos de su hijo, cuya prematura marcha, tras una enfermedad, ha provocado una honda impresión entre jóvenes y mayores de la capital del concejo.

El negocio fundado por los padres llevaba ya unos años en manos de Gerardo Sánchez y su mujer, Nieves Álvarez. Ellos le habían dado un giro al establecimiento que hizo posible mantener el éxito de público que ya lograran sus primeros propietarios en otros tiempos. El matrimonio contaba con la ayuda de sus hijos, Pelayo y Paloma, muy apreciados también en la villa, donde amigos y conocidos no lograban asimilar la noticia del fallecimiento.

“Era un amigo leal”, tal y como le recordaban ayer sus amigos más íntimos, como Mariano García Peláez, quien reconoce que la marcha de “Gerar”, como le llamaban cariñosamente, les ha dejado a todos hechos polvo. “Es muy doloroso perder a un amigo porque son muchos los momentos compartidos. Él era una persona muy alegre y para mí siempre fue un niño grande”, añadía.

Un hombre de personalidad impresionante, dice Miguel Cuesta, dueño del extinto restaurante “El Cabaño”, donde Sánchez fue un habitual de sus guisos en los últimos 15 años. “Gerardo era muy amigo de sus amigos por encima de todo, una persona entrañable, muy simpática, son muchas las galgas que viví con él, muchas anécdotas”, señala.

Con Gerardo detrás de la barra nunca faltaban las bromas ni los trucos de magia, con los que dejaba pasmados a pequeños y mayores. Mano a mano con su esposa llevaron el negocio en los últimos años. Un establecimiento muy popular en Grado, primero en la calle Manuel Pedregal y ahora junto al Juzgado, que es un punto de referencia de los vermús dominicales de la villa moscona. Antes, a La Merced, se iba por Ramón “El Pesao” y Conchita, sus padres, y en los últimos tiempos por Gerardo y Nieves.

Si llegaba el Carnaval, era el primero en disfrazarse y animar a todos a hacer lo mismo. Entre los suyos, hay amigos de todas las edades: “No hay generación en Grado en la que no tenga un amigo Gerardo, desde la veintena a octogenarios, está todo el mundo muy afectado. Cuando se corrió la voz veías a la gente que iba llorando por la calle”, señala Paul Menéndez.