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Hostelera jubilada, premiada con la mención “Gorfolí-Santufirme” de Llanera

“En la vida nunca me faltó trabajo y yo entiendo que eso es una gran suerte”

“Fueron muchos años sin vacaciones, sin descansos, sin nada; cuando empezamos eran tiempos difíciles y había que aprovecharlo todo”

María Jesús Delgado, en su restaurante de Llanera. | A. I.

María Jesús Delgado Díaz (Villabona, 1946), ha recibido la mención a la singularidad que otorga el colectivo “Gorfolí-Santufirme” de Llanera. Propietaria de varios negocios desde la juventud, en la actualidad ya está jubilada. Se muestra muy agradecida por el reconocimiento y deseosa de poder disfrutar de la vida, tras el retiro, ya con sus hijos y nietos encargándose del restaurante familiar.

–¿Satisfecha con la mención “Gorfolí”?

–Ha sido una sorpresa muy grande. No me lo esperaba, que se fuesen a acordar de mí. Estoy muy contenta y muy agradecida y la gente me manda muchos mensajes por redes sociales desde mil sitios. –Ha trabajado durante muchísimos años.Y–Sí. Ahora ya estoy retirada. Pero sigo yendo por el restaurante que tenemos. Intento apoyar a mi hijo en lo que puedo.

–¿Cómo recuerda los inicios en su primer negocio?

–Yo nací un 13 de abril, mal día (ríe), y me crié en un pueblo pequeño de Villabona. Viví allí hasta los 22 años, que me casé. Básicamente era una pequeña aldea con animales, una casería. Cuando ya me desposé, a los 22 años de edad, con un chico quue tenía un bar-tienda, fue cuando comencé a entrar en el mundo de los negocios.

–Fue un cambio importante.

–La verdad que lo llevaba bien y poco a poco fuimos creciendo y transformando el negocio. Ya no es bar-tienda, eso fue de la que me casé. Pasamos del modelo original a un autoservicio en 1975 y en 1992 abrimos el restaurante. Hasta el año 2000 tuvimos ambos negocios.

–No ha parado...

–Siempre estuve en activo, nunca faltó trabajo, entiendo que eso es una gran suerte. En el caso de mis hijos y nietos creo que lo llevamos bastante bien, estamos en una aldea, el restaurante funciona y las perspectivas son buenas.

–¿Y todavía le echa usted algunas horas a la cocina o ya no lo hace?

–Cocino algo, pero más que nada voy a colaborar un poco. Por echar una mano.

–¿Se enfrentó a más dificultades a la hora de dirigir un negocio por ser mujer?

–No me lo parece. Siempre estuve con el negocio, me gustaba, con ello fui a más y nunca tuve ningún problema en ese sentido, la verdad.

–¿Y qué aficiones tiene ahora desde que se ha jubilado?

–No le sabría ni decir. Fui toda la vida ama de casa, hasta que me casé. Luego estuve con los hijos y el marido. Así empezamos con los negocios. Aficiones casi no sabría decir, el trabajo siempre (ríe). Fue una cosa tras otra. Fueron 25 años sin salir de la cocina, sin vacaciones, sin descansos y sin nada.

–¿Y nunca echó de menos hacer alguna otra cosa?

–Sí que hubiera echado en falta ir de vacaciones, hacer algo. No se podía de aquella. Eran otros tiempos. Ahora se cierra un mes por vacaciones y se descansa un día a la semana y no hay problema. Cuando empezamos eran tiempos difíciles y había que aprovechar todo lo que pudieras.

–El restaurante sigue tiene mucho tirón.

–Sí, la verdad es que tenemos una clientela muy selecta y buena. Vienen principalmente de Oviedo, Gijón, Avilés y Llanera. Del pueblo vienen pocos, al ser muy pequeño. La verdad que estamos muy contentos.

–Si tuviera que volver a emprender ahora, ¿qué montaría?

–¡Uy!, ya con mis años creo que me vale más ir de vacaciones (ríe).

–¿A dónde quiere ir?

–Pues... bueno, como todo, igual diría “vamos para Benidorm”. Es ya el momento. Siempre me gustó mucho la hostelería, los negocios. Fue algo que hice con mucha ilusión. Tengo dos hijos y cuatro nietos. Uno de ellos y dos de los nietos ya están en el restaurante.

–¿Y si le sale un nieto funcionario?

–Sin problema. Se vive muy bien de funcionario. La hostelería es muy esclava. Si no tienes otra cosa, pues vale.

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