En la localidad sierense de Tiñana hay un llagar por cada 60 viviendas. Y, ahora, también una sidra sin alcohol que permitirá tomar tantos culetes como se deseen sin preocuparse por si se suben o no a la cabeza. El nuevo producto, dicen sus creadores, aguanta bien la comparación con la tradicional en lo que se refiere a sabor y servicio. “Buscamos que sea igual que la normal, se escancia igual y se sirve a la misma temperatura, pero vale para gente que haga dieta o que quiera conducir”, explica Carlos González, del lagar Fanjul, responsable de esta fórmula.

Teniendo claro que el público objetivo “es distinto al de la sidra tradicional, por lo que no nos quitará mercado”, buscaron una alternativa similar a la que ofrecen otras bebidas que cuentan con una réplica sin alcohol, como la cerveza. “En estos momentos necesitamos competir en todos los target posibles, es importante para el sector, dada la situación”, explican los responsables de este nuevo producto. En mente tenían un caldo de manzana que mantuviera las propiedades de siempre. Y, al parecer, prácticamente lo han conseguido, hasta el punto de que esperan que en próximas fechas puedan a llegar a poner en la etiqueta “sidra natural sin alcohol”. “En catas a ciegas, colocando una botella de estas, entre diez normales, nadie se dio cuenta”, asegura el lagarero.

¿Cómo se elabora? Explica González que lo primero es hacer una sidra normal y después someterla a un proceso de desalcoholización “muy lento y delicado, controlando de manera muy precisa la temperatura y las presiones”, para tratar de que no se pierdan propiedades, “aunque es imposible conservarlas todas”.

El resultado es un zumo cuya etiqueta refleja menos de 1 por ciento de contenido en alcohol y que es “bajo en calorías”. “Incluso al ser un producto sin alcohol nos obligan a poner el cuadro nutricional, algo que, creo, nos favorece”, añade González.

La inversión para llegar a hacer la sidra sin alcohol ha sido cuantiosa. Aunque le cuesta dar una cifra exacta, apunta que “ha estado por encima del medio millón de euros”. Motivo por el cual asume que no les quedará otra que venderla “un poco más cara que la normal”.

Por el momento, se empezará a comercializar en tiendas de alimentación. “Creemos que no es el momento para pedirle a la hostelería el esfuerzo de experimentar con esta novedad. Eso llegará pronto, si la pandemia evoluciona bien”.

El público al que se dirige, lo tiene claro. González habla de personas que no quieren tomar alcohol y que, dada esa idea, nunca optarían por la sidra tradicional: “Va dirigida a gente que hace deporte, que está a dieta, que toma medicación o que quiere conducir. Es un público distinto al habitual y sabemos que no se tratará de un volumen de venta muy alto, como mucho rondará el 2 por ciento del mercado”.

Ventas que no son marginales para un sector que ha venido pasándolo muy mal durante el último año. Con la hostelería funcionando bajo mínimos, los toneles de los lagares de Tiñana siguen llenos y necesitan un buen verano para salvar la campaña.

Hay confianza en que así sea, al igual que también son optimistas con la acogida que tenga la sidra sin alcohol. “El mundo de la sidra es muy tradicional. Pero bueno, confiamos en que cale entre los jóvenes y entre ese segmento distinto que puede demandar un producto de este tipo. Al final, en la vida, si haces siempre lo mismo te cansas y el cambio puede no solo ser positivo, sino incluso necesario”, concluye el lagarero.

La idea que maneja el lagar –uno de los tres en Asturias que elabora este tipo de preparado– es seguir perfeccionando la fórmula en las próximas semanas para poder afinar, incluso más, el sabor. “Por el momento hemos recibido mayoritariamente opiniones muy buenas. Hubo uno que me dijo, esto no me gusta, pero estoy seguro que si se la diera sin decirle que no tiene alcohol, no se percataría”, sice González.