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Cuarenta años sin el pintor de lo asturiano

“Cada día tenía que salir con su caballete, decía que la naturaleza y él eran matrimonio”, recuerda el hijo de Guillermo Simón, fallecido en 1981

El busto que recuerda a Guillermo Simón en Villaviciosa.

El busto que recuerda a Guillermo Simón en Villaviciosa.

Cuando se cumplen cuatro décadas del fallecimiento del artista villaviciosino Guillermo Simón, el Ayuntamiento tenía planeados una serie de actos conmemorativos que, finalmente, fueron suspendidos debido a la crisis sanitaria con el objetivo de celebrarlos el año que viene. No obstante, a la espera de que se pueda llevar a cabo ese programa específico, el denominado “pintor de lo asturiano” se mantiene vivo en su Villaviciosa natal, pues cuenta en su callejero con una avenida a su nombre y un busto erigido en el parque de la Ballina.

Simón, pintor vocacional y autodidacta, comenzó su carrera artística a los catorce años, según cuenta su hijo Fernando, tras conseguir el primer premio escolar regional con un dibujo titulado “Esfoyaza”. Luego, a base de mucho practicar y devorar libros sobre técnicas pictóricas, fue personalizando su estilo, caracterizado por la excepcional captación de la luz de la cambiante atmósfera asturiana, la utilización de una paleta de colores propia y el gran estudio de la naturaleza. Según su hijo, una de las claves de su buen hacer fue “que se pateaba los paisajes asturianos de cabo a rabo. Cada día tenía que salir con su caballete, decía que la naturaleza y él eran como un matrimonio que se entendía perfectamente”.

Maestría

Aclamado por la crítica, se decía de él que “tenía Asturias en la retina”, por su maestría a la hora de plasmar su esencia con total naturalidad en sus cientos de obras y en cualquier estación del año. De sus exposiciones aún hoy es recordada la de la plaza de la Escandalera de Oviedo, en 1961, que tuvo una repercusión sin precedentes y en la que llegó a vender 48 cuadros y a recibir numerosos encargos.

“Él prefería exponer en la calle, decía que las salas eran muy frías”, recuerda su hijo Fernando. Su obra también recorrió toda la geografía asturiana, además de Madrid, Bilbao, Santander o Lugo. Cuando falleció, estaba preparando una obra para exponer en Barcelona y Madrid,. “Pasaba por su mejor momento” sostiene su hijo, que rememora al artista también al servicio de su pueblo, pues de manera altruista “retocó varias piezas del patrimonio de Villaviciosa, como imágenes religiosas”.

La familia de Simón no descarta que sus obras sean expuestas en un futuro, pues esa era la voluntad del “pintor de lo asturiano”.

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