El Rellán habla tras ocho décadas de silencio
“Ya es hora”, dicen las familias de las víctimas que acudieron a la exhumación en Grado y que urgen el derribo de la granja construida sobre la finca para poder seguir buscando

José Sierra, exalcalde de Grado (primero por la izquierda) y Marco Antonio González, vicepresidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), explican a los familiares de las víctimas los trabajos de exhumación de la fosa de El Rellán, ayer, en Grado. | S. Arias / Sara ARIAS
“Siento mucha alegría aunque estos días en casa lo pasé un poco mal, pero al venir ya bien porque tengo la esperanza de encontrar a mi padre”, dice María Luisa Flórez, de 95 años, haciendo un resumen perfecto de los sentimientos y emociones que viven los familiares de las víctimas de la represión franquista asesinadas y sepultadas en la fosa de El Rellán, en Grado. Los restos hallados están siendo exhumados por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH). Su trabajo ha descubierto, hasta el momento, doce cuerpos e indicios de uno más. Hay la convicción de que el enterramiento continúa por debajo de una granja de cerdos que se edificó sobre la finca de manera posterior a los enterramientos.
Ayer, las familias acudieron a visitar los trabajos de los voluntarios con una mezcla de tristeza y vacío que, a la vez, se une al júbilo de tener, más de 80 años después, la posibilidad de hallar y poder enterrar dignamente a sus antepasados. Por eso, Dolores Fernández, de 84 años, entró en la finca, también conocida como “La Chabola”, sin poder contener la emoción según avanzaba.

Los familiares, atentos a las explicaciones de los arqueólogos. | S. Arias / Sara ARIAS
“Se llevaron a mi padre y a mi tío de Robledo de Salcedo, los tiraron aquí y nunca jamás pudimos hacer nada hasta que vinieron los de la asociación, que van a tener mucho trabajo porque aquí ya se sabe que hay mucha gente”, dijo. Cuando descubren un cadáver, se encuentran otro debajo. “El Rellán ha hablado”, afirmó el vicepresidente de la ARMH, Marco Antonio González, que explicó a las familias los trabajos en la fosa de Grado, que “sacan a la luz una realidad que todo el mundo sabía”.
Tanto la prospección previa como la excavación actual determinan que los enterramientos continúan por debajo de las naves de la antigua explotación ganadera, siguiendo el curso de una trinchera de la Guerra Civil que fue utilizada para arrojar a las víctimas. “Esto comprueba la magnitud de la fosa, hay testimonios de que aparecieron restos humanos en la construcción pero no sabemos qué hicieron de ellos, esperamos que, con suerte, la cimentación no haya tocado los cuerpos”, detalló.
Pero para continuar con la exhumación es preciso el derribo de la granja, una intervención que está incluida en el presupuesto del Principado de Asturias para 2021, y que el colectivo exige cuanto antes para no hacer esperar más tiempo a los familiares, muchos de más de 80 años, y dar continuidad a los trabajos arqueológicos en El Rellán.
Por otro lado, González afeó que no sea el Estado el encargado de realizar la actuación y denunció que los restos que fueron enviados al Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses, cuando el Juzgado de Grado paralizó los trabajos durante un año hasta el archivo de la causa el pasado mes de abril, no han sido devueltos. Tampoco las evidencias balísticas encontradas en la línea de tiro de fusilamiento cercana a la fosa. Ni se han puesto en contacto con los familiares para la toma de muestras genéticas, tal y como confirmaron allí los presentes.

Sabino Fernández observa los trabajos, entre su sobrino, Carlos Javier Fernández, y su hijo, Juan José Fernández. | S. Arias / Sara ARIAS
“En redes sociales nos dicen que los restos ya han sido devueltos pero no sabemos donde están ni hemos sido notificados”, añadió González. Las pruebas para cotejar los perfiles genéticos de víctimas y familiares han sido ya realizadas a pie de fosa por la ARMH. Por ello, las familias agradecieron constantemente la labor de los voluntarios. “Sin ellos no estaríamos aquí”, apuntó Marina Vegas, una de las descendientes de asesinados en El Rellán.
Ha sido una espera muy larga. Cuarenta años de silencio durante la dictadura franquista que dieron paso a la inmovilidad de la democracia española respecto a la exhumación de las fosas de la postguerra. Pero ocho décadas después El Rellán arroja verdad y reparación con la ARMH. Por eso era difícil contener la emoción entre los familiares que acudieron a la visita. Las lágrimas de Sabino Fernández, de 89 años, lo decían todo: “Llevo toda mi vida esperando este día y, por favor, que aceleren con el derribo de la gochera porque vamos cumpliendo años”, comentó.
Busca a su padre, al que asesinaron cuando tenía solo seis años. Lo mismo que hacen los primos Benigno García y María del Carmen Álvarez, bajo las últimas pistas de su abuelo materno y sus hermanos. “Se llevaron a todos los varones, incluídos dos gemelos de 16 años y dejaron solo a las mujeres”, explicó ella, quien detalló que saben que el abuelo está en El Rellán “porque mi madre siempre lo decía al pasar por aquí, que lo llevaron del chalet de Patallo a La Chabola”. Por ello, viven la exhumación “expectantes” y con muchas ganas de poder recuperar los restos de sus antepasados “porque ya era hora”, dice García.
Además, en la visita, participó José Sierra, exalcalde de Grado por IU, quien realizó un amplio trabajo documental para poner en contacto a las familias con la ARMH tras decenas de entrevistas y testimonios. Allí, anunció “que se ha creado en Grado una asociación memorística que llevará el nombre de Carlos Barredo, el último regidor de la República en el concejo, asesinado a los 20 días del golpe de Estado en 1936”. También puso en valor la beca de investigación histórica impulsada por el Ayuntamiento para dar un contexto global de la época y los sucesos acontecidos, que “necesitamos para comprender”, señaló.
Sierra abogó por exhumar las 16 fosas que hay en el municipio y poder así continuar con la reparación de las víctimas y sus familias. Unos descendientes, muchos ya mayores, que quieren recuperar los restos mortales de sus familiares. Y hay que empezar por el derribo de la granja de cerdos. Una labor que urgen cuanto antes.
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