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El reparto del bollo por el Ecce Homo sí resistió a la lluvia en Noreña

“Están siendo unas fiestas de las más bonitas que se recuerdan”, dicen los miembros de Sonofe

Un momento del reparto del bollo, ayer, en Noreña. | Inés Gago

Al mal tiempo, buena cara y un bollo de chorizo. Ese es el truco que se aplicaron ayer en Noreña y que tratan de mantener para que el Ecce Homo se siga realizando año tras año “desde ni se sabe hace cuanto tiempo”, decía ayer María Luisa Fonseca, la presidenta de la Sociedad Noreñense de Festejos (Sonofe) y concejala de Festejos del Ayuntamiento.

Lo comentaba mientras repartía las bolsas con el bollo. En total, prepararon un millar de ellas. Aunque la lluvia hizo cambiar los planes iniciales, hubo que atecharse bajo la plaza polivalente y no se pudo celebrar la comida campestre, nadie perdió la sonrisa. Cada uno, para su casa, con el pan bajo el brazo.

Pero contaba Florentino Olay, Tino, uno de los miembros más antiguos de la sociedad de festejos, que este Ecce Homo está siendo una de las celebraciones más bonitas que recuerda. Tino nació en la calle de la Portilla, en Noreña, en el año 1945. Rememora que cuando era joven, el Ecce Homo se celebraba sobre todo un día, el domingo. Iban al prado que está detrás de la capilla de la Soledad, después de la misa y la procesión. Allí, con orquestas, la familia y amigos se celebraba la romería durante todo el día. Luego, cuando cansaban, bajaban con las orquestas al centro de la villa, que se repartían y se turnaban; una se colocaba en el quiosco de la música y otra en la plaza de la Cruz, y cuando sonaba una, la otra callaba y viceversa. Así hasta “las dos o así de la madrugada”.

Había un día, el martes, que se celebraba el “baile del caldo”, una costumbre que se perdió porque la gente dejó de ir. Se cerraba la zona del centro y con dos orquestas poniendo música, los noreñenses salían a bailar. A medianoche, para mantener calientes los esqueletos, se repartía un caldo. De ahí el nombre. Y, aunque ya no se haga el caldo, el líquido se sigue repartiendo con nocturnidad. “Aunque fue una pena lo de la procesión, estas fiestas, por la unión de los vecinos, están siendo muy bonitas”, afirmaba con contundencia. Carmen Arrojo, reina de las fiestas, lo corroboraba: “Me gusta colaborar y pasarlo bien”, apuntaba.

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