Siete impresionantes palacetes, todos en buen estado y habitados o con distintos usos en la actualidad. Es la huella del pasado indiano de Grado, un concejo que pretende poner aún más el foco sobre este relevante patrimonio que llama la atención no solo por la majestuosidad de cada una de las edificaciones sino por la gran cantidad de ellas que concentra el núcleo urbano de la villa. El Ayuntamiento, que ya ha desarrollado diversas iniciativas para potenciar turísticamente este importante legado, trabaja ahora en el diseño de nuevas propuestas que contribuyan a realzarlo. “Algo que queremos hacer el año que viene, que está entre nuestras prioridades, es que las visitas que ya se organizan a modo de ruta recorriendo todas las casas de indianos que tenemos, puedan ser teatralizadas. Se editarán también folletos y nuevos materiales gráficos de difusión y promoción y seguimos con la idea de que algunos propietarios pudieran acceder a abrirlas al público, aunque solo fuese en parte. Son varias iniciativas detrás de las que esperamos poner en marcha otras, ir agrandando las actividades e incluso que en un momento dado podamos impulsar un ‘Encuentro de indianos’”, explica Lorena Cabo, edil de Turismo.

Cinco de los siete palacetes se encuentran en la calle Eulogio Díaz Miranda –si se viene desde Oviedo, se sitúan en el margen derecho de la carretera Nacional 624 que pasa por la villa en dirección a Salas-, la zona con mayor concentración de este tipo de edificaciones. Se trata de El Capitolio, Villa Granda, el Palacete de la familia Martínez, La Quintana y El Calabión. En el centro de la villa, en la zona ya de Cimadevilla hay otros dos: el Palacete de Indalecio Corujedo y el Palacio de los Casares. Todos ellos son edificaciones construidas a finales del siglo XIX o principios del XX por emigrantes que hicieron fortuna en América, son de grandes dimensiones y gran elegancia, cada una con sus detalles y particularidades, sus estatuas y majestuosas verjas, sus enormes o más modestos jardines, y colores y estilos bien distintos que hacen del conjunto un patrimonio digno de ver en la villa.

Tres de ellas son obra del arquitecto santanderino Juan Miguel de la Guardia: el Calabión, la Casa Palacete de Indalecio Corujedo y El Capitolio. Esta última edificación no solo pasa por ser la más destacadas de la villa sino uno de las más relevantes y magníficas muestras de este tipo de arquitectura en Asturias. Se levantó por ordenó construir a finales del siglo XIX el indiano Manuel Velázquez, emigrante a Santo Domingo. Se dice que en los jardines del imponente inmueble, el primero que sale al paso del recorrido a la entrada de Grado si se llega desde Oviedo, a principios del siglo XX hubo una réplica del grupo escultórico de Las Tres Gracias del italiano Antonio Cánova.

El Capitolio P. Tamargo

A continuación, en un itinerario ascendente por la calle Eulogio Díaz Miranda, el visitante dará con Villa Granda, de finales del siglo XIX y que perteneció a Juan Granda, un indiano emigrado a Cuba que regentó en la isla una plantación de tabaco. Aunque la edificación pueda llamar la atención por su sobriedad, el Ayuntamiento de Grado destaca una peculiaridad: y es que “cada uno de sus sillares está numerado y existe un plano a modo de guía para volver a colocarlos de la misma manera, en caso de que se quisiese trasladar el edificio a otro lugar”.

Villa Granda P. Tamargo

A pocos metros sale al paso el Palacete de la familia Martínez, del siglo XIX, también de gran austeridad decorativa y que se hizo para el indiano Manuel Martínez García, emigrante en Cuba.

Palacete de la Familia Martínez P. Tamargo

Un poco más adelante aparece La Quintana –hoy albergue de peregrinos-, una edificación inicialmente de una única planta que el indiano Aurelio Huerta, emigrante a México, reconstruyó en 1930.

La Quintana, hoy un albergue de peregrinos P. Tamargo

Y en esta zona de la calle Eulogio Díaz Miranda cierra el itinerario El Calabión, otra de las edificaciones más llamativas de la villa, de estilo francés y de 1887.

El Calabión P. Tamargo

Desde ahí, el visitante puede internarse hacia el centro de la villa, en dirección a la plaza del mercado por la calle Cimadevilla. Dará en primer lugar con el Palacete de los Casares, cuyo primer propietario fue Álvaro Menéndez y en el que destacan sus esculturas exteriores, adornando el acceso principal a través de una escalinata. Ofrece este edificio otra curiosidad: en su interior guarda el ascensor de época, que fue el primer elevador que hubo en una vivienda en Grado.

Palacete de los Casares

Frente a la fachada principal de esta edificación se localiza la Casa Palacete de Indalecio Corujedo, de influencia francesa ,en la Plaza Regino López, en pleno centro de la villa. El inmueble fue financiado por el indiano Juan Fernández Bao y encargado a finales de 1890, aunque fue su yerno Indalecio Corujedo, diputado a Cortes por Asturias a principios del siglo XX, quien acabó dando nombre a la casa.

Parte posterior del Palacete de Indalecio Corujedo P. Tamargo

“Se trata de darlas aún más a conocer, porque sin un valioso patrimonio, un número muy considerable para la villa, todas están en el casco urbano y en muy buenas condiciones”, explica Lorena Cabo, que incide en las conversaciones con algunos propietarios para sondear la posibilidad de que algunas de ellas puedan abrirse al público para dar más luz a la huella indiana de Grado.