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Noreña se rinde de nuevo a los callos

“Son de culto, deberían recetarlos los médicos”, dicen los visitantes que los disfrutan durante este puente festivo

Carmen Blanco, calentando callos ayer en un local de Noreña. | A. I.

Lo que se estila en Noreña es la alegría y comer bien, ambas cosas interrelacionadas. Por las jornadas de los callos, la sonrisa tiene mucho que ver con el plato, que pone felices a las papilas gustativas de centenares de visitantes de los principales concejos del Principado. “Son de culto, debería recetarlos el médico”, dicen locales y foráneos, que se rinden a la especialidad noreñense del guiso de cerdo.

Por la izquierda, Neli Rodríguez, Mario Menéndez y Fernando Menéndez, ayer, comiendo callos en Noreña. | A. I.

Llueve mucho y en el bar Cabido se refugian tantas personas como da de sí el local. En una mesa, un grupo de mujeres da cuenta de las tapas que acompañan la consumición: “Mis respetos para la madre de Unai (el hostelero), Pilar Noval, que es la que los hace y están de escándalo”, reconocen Violeta García y Luci Blanco.

La fiesta está dentro, del estómago y de los locales. En El Carbón suena dentro el cumpleaños feliz, pero la puerta está cerrada. Todo reservado. Como en El Sastre, donde los hermanos Antón miran al libro y ven que no tienen sitio ya para quince días. “Es una fiebre”, reconocen respecto a la temporada de callos, que se propaga como un virus benigno para deleite del paladar.

En una mesa Fernando Menéndez los degusta en compañía de esposa e hijo, que optan por comer algo de pote asturiano. “Como para no venir siempre”, dice con la primera cucharada.

Los hacen en la cocina, a pocos metros donde está Carmen Blanco. Ella solo los prueba “para ver el punto de sal”, una pena, porque le toca trabajar. Le pasa lo mismos al colectivo de gaiteros local, encabezado por Rodrigo Joglar, que toca en la plaza de la Cruz, con la mascarilla puesta. La quitarán más tarde para ser víctimas gustosas de esta tradición noreñense de los callos.

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