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Noreña alivia a Chacao e Isla Margarita

Los hospitales venezolanos agradecen los respiradores autónomos fabricados en la Villa Condal e Infiesto: “Nos hacen poder seguir adelante”

Por la izquierda, una trabajadora del hospital; la presidenta de la Fundación Nueva Mujer Margarita, Cristina Conti; Elesban Gómez, director regional de salud; Magaly Guedez, directora de la fundación, y Pedro Mila, director regional de la red hospitalaria, en el hospital de Nueva Esparta, con los respiradores noreñenses. | R. A. I.

Tecnología noreñense que salva vidas por el mundo. Los respiradores autónomos ideados y fabricados en la Villa Condal e Infiesto siguen llegando al otro lado del Atlántico a través de donaciones. Las últimas, al hospital de Chacao o al de Nueva Esparta, en Isla Margarita, Venezuela. Dos centros que se han mostrado muy agradecidos por la ayuda llegada desde Asturias. “Dichos respiradores se les entregaron a Corposalud Nueva Esparta a través de Elesban Gómez (director regional de Salud) y Pedro Mila (director regional de la Red Hospitalaria), para que sean utilizados en diferentes centros de atención médica y hospitalaria para cubrir la crisis generada por el covid-19”, explica Alain Díaz, venezolano afincado en Noreña que se encarga de la gestión del proyecto y lideró la donación.

No es la primera ni será la última vez que los aparatos noreñenses llegan a países extranjeros y también a centros hospitalarios nacionales. Y quienes los reciben se muestran muy agradecidos. “Es un equipo innovador que nos hace seguir para adelante”, apuntan los responsables de salud de Chacao.

Los resultados de estos equipos son francamente positivos y las solicitudes han sido numerosas. La idea surgió de la conversación entre el técnico de ambulancias noreñense –residente en Infiesto– Daniel González y Javier Tamayo, su compañero madrileño, aunque luego se sumaría el catalán Óscar Maroto. Todos impulsados ante las terribles escenas que se veían en la capital del país en los momentos más crudos de la pandemia.

Conscientes de que “se estaba dejando morir a gente por falta de medios”, recurrieron a las piezas que tenían a su alcance para diseñar un primer modelo de respirador, parecido a una mascarilla. A continuación, ya asesorados por otros especialistas, perfeccionaron el diseño, que cuenta con tres válvulas de entrada y no necesita de electricidad. Una de las válvulas es para el oxígeno, otra para el aire comprimido y la tercera para otro gas del que se pueda disponer en sustitución del aire comprimido. Con esto logran mejorar notablemente la saturación de oxígeno en sangre, explican los diseñadores del aparato.

Una vez construido el primer prototipo –lo que les llevó unos cuatro días– comenzaron a buscar piezas para hacer una veintena que les sirvieran como unidades de prueba. Las piezas se las donó inicialmente un empresario de Fuenlabrada y a la par consiguieron financiación para el proyecto y que se les concediera la opción de probarlo con pacientes que lo necesitaran en entornos reales. Los veinte prototipos se elaboraron en Noreña, Infiesto, Madrid y Sabadell.

Poco tardaron en recibir definitivamente la aprobación para probarlo en el hospital de campaña madrileño y los resultados fueron “francamente positivos”. “Bolife transforma la vida de los pacientes, al conseguir la recuperación de personas con patologías respiratorias agudas. Por desgracia, los sistemas de salud en Latinoamérica no cuentan con medios mecánicos suficientes, en tal sentido queremos ser su apoyo y soporte”, señala Alain Díaz Muñoz, director ejecutivo de la empresa.

El principal problema era encontrar las piezas para poder continuar fabricando unidades. Una batalla que siguen manteniendo, consiguiendo servir la importante demanda de equipos. Desde el principio el interés fue muy alto desde países centroamericanos, como México, o de Sudamérica, principalmente Venezuela.

Sin electricidad

A pesar de las dificultades que genera llevar a cabo las donaciones, en ocasiones, especialmente a Venezuela, el grupo noreñense sigue adelante, según le van llegando nuevas peticiones de centros hospitalarios. Su principal objetivo es mantener la entrada de financiación para poder seguir adelante con la fabricación.

La iniciativa de “Bolife” ha sido, a nivel regional, una de las que más recorrido ha tenido una vez superados los momentos más duros de la pandemia. Con tasas de hospitalización al alza en todo el mundo, los respiradores vuelven a hacerse muy necesarios, por lo que la opción de contar con algunos que no necesitan de electricidad facilita notablemente las cosas.

En la localidad también se vieron otras muestras importantes de solidaridad durante los últimos años, con donaciones por parte de partidos políticos de la oposición, fabricación de mascarillas de manera altruista o colectas de asociaciones culturales destinadas a los Servicios Sociales.

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