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La erosión por falta de áridos y árboles favorece las inundaciones del Bajo Nalón

El estudio sobre el comportamiento del cauce desde El Furacón (Oviedo) hasta El Roxico (Pravia) recomienda incrementar los bosques de ribera

Desde la derecha, Elena Fernández Iglesias, Gil González, David Villar, David Álvarez y Manuel Gutiérrez. | S. Arias

La falta de áridos es uno de los principales problemas del tramo bajo del río Nalón. Así lo determina el estudio científico de la Confederación Hidrográfica del Cantábrico (CHC) sobre el funcionamiento erosivo y sedimentario del cauce desde la presa de El Furacón (Oviedo) hasta la zona marítimo-terrestre de El Roxico, en Pravia. Un total de 35 kilómetros de los que ocho se encuentran con márgenes erosionadas y con la vegetación de ribera ausente o con franjas demasiado estrechas para que sea un hábitat funcional. Esta circunstancia hace que el cauce sea vulnerable a la colonización de plantas invasoras y a las grandes avenidas, cuya frecuencia está aumentando según los estudios realizados.

"El río Nalón presenta ocho kilómetros de orillas erosivas, el máximo registrado desde que tenemos fotografías áreas en el año 1945, y parte importante de este desequilibro se debe fundamentalmente a la falta de áridos", explicó ayer en Pravia Elena Fernández Iglesias, coordinadora de la Unidad de Geomorfología Fluvial y Litoral del Instituto de Recursos Naturales y Ordenación del Territorio (Indurot) de la Universidad de Oviedo, encargada de realizar la investigación. Una falta de áridos que se debe entre otras cuestiones, según confirmó, a que la presa de El Furacón y el embalse de Soto de la Barca (Tineo) en el río Narcea, afluente del Nalón, retienen el trasvase del material sólido que necesita el río aguas abajo.

La especialista también detalló que, si bien algunas erosiones forman parte del comportamiento natural del río, otras generan "importantes fragmentaciones en la vegetación de ribera, alterando la continuidad del corredor ecológico, lo que tiene un impacto muy grande, y son vulnerables a la colonización por las plantas invasoras, impidiendo el asentamiento de vegetación de ribera". En el estudio se localizan más de ochocientos emplazamientos con especies exóticas como el bambú.

La investigación realizada va unida a una serie de actuaciones para mitigar estos efectos en el cauce que, aunque no son definitivas, "dado el desequilibrio que impera en el Nalón", formarán parte de un proceso continuo de investigación y seguimiento. En concreto, se propone la ejecución de sistemas de protección de bioingeniería para fortalecer el bosque de ribera y las márgenes del río. Sin embargo, en determinadas orillas, como es el caso de Agones, en Pravia, estas intervenciones no se consideran "viables" dado el grado de desplazamiento sufrido. También se propone la reubicación de sedimentos procedentes de aguas arriba.

Ya se han ejecutado algunas soluciones. En la zona de la depuradora de Grado, con una inversión de 28.000 euros; en San Román de Candamo, con 257.000 euros, o en el meandro de Forcinas, en Pravia, donde se han gastado 330.000 euros. Además, está a punto de realizarse una intervención en Grullos y Santoseso con un presupuesto de 173.000 euros y la primera fase de actuación en la vega de Forcinas, con un coste de 330.000 euros. Además, están en estudio otras obras como una segunda fase de la intervención en Forcinas, con un presupuesto en torno a los 400.000 euros, o en la zona de Agones-Peñaullán. Son trabajos que son financiados por el Ministerio de Transición Ecológica.

Fernández expuso las conclusiones del estudio en el salón de Plenos del Ayuntamiento praviano ante el presidente de la CHC, Manuel Gutiérrez; el comisario de Aguas del organismo, Gonzalo Gutiérrez de la Roza; el director de Agricultura y Pesca de la Delegación del Gobierno, Enrique Rodríguez; el director general de Medio Natural del Principado, David Villar y representantes municipales de Las Regueras, Grado, Candamo y Pravia. También estuvieron técnicos de las administraciones públicas; el gerente de Tragsa, Joaquín Moya, y el kiwicultor Alejandro Lechado.

La investigación sigue el desplazamiento de los sedimentos mediante geolocalización


La Unidad de Geomorfología Fluvial y Litoral del Instituto de Recursos Naturales y Ordenación del Territorio (Indurot) de la Universidad de Oviedo ha desarrollado un plan piloto de gestión del sedimento en el tramo bajo del río Nalón. Su objetivo es mejorar el conocimiento del transporte de este material en el cauce, que "está en el origen de su situación de desequilibrio", según apunta la coordinadora del proyecto, Elena Fernández Iglesias.

Para ello, se han establecido las bases experimentales y metodológicas necesarias para desarrollar un observatorio del sedimento que lleva el río a largo plazo a través de la investigación. "El sedimento es clave y conocemos muy poco sobre cuánta cantidad y cuánta distancia se mueve", indicó Fernández. La investigación se hace con varias herramientas, como la instalación de un sismógrafo en colaboración con el grupo de investigación de geofísica y tectónica del departamento de Geología de la Universidad de Oviedo.

También se han colocado quince geófonos. Se trata de transductores electromagnéticos de desplazamiento, velocidad o aceleración, que convierten el movimiento del suelo en una señal eléctrica. También se han monitorizado 800 cantos con geolocalizador en varias zonas del tramo bajo. Las piedras han sido insertadas con geolocalizadores y están pintadas de color naranja. Por ello, los investigadores ruegan que no se toquen ni se muevan. "Esperamos no tener problemas", indica la investigadora.

Además, el estudio ha realizado un detallado análisis de la flora autóctona presente, obteniendo, mayoritariamente, alisedas atlánticas y saucedas blancas. En cuanto a la fauna, cabe destacar la presencia del avión zapador. Los macroinvertebrados se encuentran en condiciones deficientes en zonas del tramo superior del río.

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