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"Es un orgullo ser de Arroes", dice José Luis Corripio, hijo predilecto de Villaviciosa

Los vecinos de la parroquia maliayesa descubren un monolito y una placa en honor del empresario hispanodominicano, nacido en 1934

Corripio, en el centro, acompañado de familiares y del Alcalde, durante el descubrimiento de la placa. | Miki López

"¡Tía Jesusa, no me dejes ir!", le imploraba José Luis Corripio cuando, a los 4 años, le tocó marcharse de Arroes, la parroquia de Villaviciosa que ayer le rindió un cálido homenaje y descubrió un monolito y una placa en su honor, con destino a la República Dominicana. El empresario, nacido en Arroes en 1934, estuvo acompañado por tres de sus cuatro hijos y uno de sus nietos en una tarde luminosa en la que los vecinos del lugar que le vio nacer, con el que ha mantenido fuertes lazos toda su vida, le aplaudieron con cariño al escuchar cómo desgranaba los recuerdos que atesora de esos primeros años de vida que pasó en Asturias. "Me acuerdo que cuando embarqué en El Musel yo no había salido nunca de Arroes, no había visto el mar, y le pregunté a mi padrino, que me llevaba en brazos, cómo es que los barcos no se hunden cuando van sobre el agua. Él me dijo que por debajo había unos bueyes que tiraban de ellos con una cuerda y yo le respondí que eso era imposible", rememoró.

El homenaje a José Luis Corripio estuvo impulsado por la Asociación de Vecinos "Javier de Arroes", la misma que le propuso al Ayuntamiento que le hiciera hijo predilecto de Villaviciosa, algo que se hizo oficial el martes pasado en el salón de plenos del Consistorio maliayés. Ricardo Hevia, presidente de la asociación, agradeció a José Luis Corripio la cercanía que siempre ha mostrado con la parroquia en la que nació. "Es un referente para mucha gente que tuvo que emigrar, una persona que acogió a todo el mundo", señaló el dirigente vecinal.

El homenaje de ayer fue el que le brindaron unos vecinos a uno más de los suyos, alguien que ha llevado con orgullo el nombre de Arroes. Por eso, Hevia dejó de un lado la faceta empresarial y se centró en lo personal. "Quiero hablarles del hombre, del ser humano, generoso, educado, preocupado por los demás, alguien que ha querido devolver a la sociedad lo que le ha dado", afirmó. Alguien que, añadió el presidente de la asociación de vecinos, "ha sido un sembrador de arroísmo". "Todos sus colaboradores tienen que venir alguna vez a Arroes", explicó.

En su discurso ante alrededor de medio centenar de vecinos de la parroquia que se acercaron a saludarle, Corripio rememoró anécdotas de sus primeros años de vida, algunas tan sorprendentes como cuando el casero de su casa, teniendo él tan solo dos años, le dio a probar el tabaco por primera vez. "Enfermé, me puse a vomitar, me acuerdo del lío que se armó", recordó. También le quedan imágenes, ya con la Guerra Civil iniciada, de ver militares por las calles del pueblo y de como "me paró un capitán y me dijo: hoy que viva nosotros, pero ¿ayer qué decías? Fue Una pregunta maliciosa". También mencionó a algunos de los vecinos que tiene en la memoria de un pueblo que, dijo, "está lleno de gente trabajadora".

José Luis Corripio, a la derecha, con Javier Díaz, «Javier de Arroes». | Miki López

Las empresas de la familia de José Luis Corripio dan trabajo a 14.000 personas en la República Dominicana y él se ha visto agasajado con reconocimientos y condecoraciones como la Gran Cruz de la Orden de Cristóbal Colón (República Dominicana), la Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil (España), la Orden de la Estrella Brillante con Gran Cordón (China-Taiwán) o la Orden del Mérito del Gobierno Francés en el grado de Caballero. Si bien, el galardón de ayer lo considera "muy especial" por ser de su pueblo. Junto a la iglesia que ayudó a restaurar, Corripio no se cansó de dar las "gracias" una y otra vez a los vecinos, de asegurar que siente "orgulloso de ser de Arroes" y de dar algún consejo a los jóvenes que tienen que ganarse la vida y alcanzar sus sueños: "Cuando habló con jóvenes en charlas les digo que imposible es lo que viene después". Lo dice él, que se agarraba a su tía Jesusa para no salir de un lugar al que ahora vuelve y donde se le sigue estimando. "Esto es unir el alfa y el omega de mi vida", concluyó Corripio.

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