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Los moscones montan su museo

Los expertos que preparan el equipamiento sobre el mercado y el comercio de Grado destacan la colaboración vecinal: "Han sido muy generosos"

Por la izquierda, Ramón Isidoro, Gustavo Fernández (coordinador de Cultura) y Paloma Sánchez, en la muestra. | S. Arias

"Lo importante y más destacable es que este museo será una realidad gracias a las gentes de Grado, que han realizado donaciones y cesiones aprovechando un patrimonio que se iba a perder y han sido muy generosos". Lo dice Paloma Sánchez, historiadora del Arte del grupo de investigación arqueológica "Llabor", impulsor de la colección dedicada al comercio, la industria y la vida cultural y social de la villa moscona como parte del Museo Etnográfico de Grado. Se trata de un equipamiento con sede en el palacio Fontela y que tendrá como nombre "Muséu de la Villa ya’l Mercáu de Grau". Su apertura, aunque se ha retrasado, está cada vez más cerca.

Vajilla de La Cloya. Sara Arias

Los especialistas trabajan en la última fase, que es la disposición de todas las piezas de la muestra. Muchas de ellas han sido tratadas previamente por los arqueólogos para su óptima conservación. La colocación de la exposición está dirigida por el diseñador Ramón Isidoro, quien detalla que el objetivo es que "quede armonioso". Por eso, todo está medido al mílimetro. Desde la altura de los cuadros con carteles de eventos en la villa moscona donados por Fernando F. Arias hasta la ubicación exacta de todos y cada una de los elementos expositivos.

Botellas de Almacenes Miranda. Sara Arias

"Todos ellos tendrán una pequeña descripción y los gráficos de contenidos generales van a ser muy sencillos", apunta Isidoro. La distribución comienza en la planta baja, donde se ubica la Oficina de Turismo, con un resumen general sobre la historia de Grado y la colección "para entrar en contexto", precisa Paloma Sánchez. Ahí los visitantes serán recibidos con un vídeo del Archivo de la Tradición Oral de Xosé Ambás y Ramses Ilesies y podrán ver los primeros objetos, entre ellos las arcas del propio palacio, los trajes asturianos de hombre y mujer propiedad del Ayuntamiento y la piedra que se sospecha que es el rollo de la justicia, donde en la Edad Media se daba muerte a los delincuentes en la plaza. Un acercamiento a la historia de la villa moscona.

Un piano. Sara Arias

En la primera planta habrá una sala dedicada al comercio y al mercado con la recreación de un puesto de venta tradicional y con multitud de objetos donados por los establecimientos moscones. Hay, entre otros, latas de aceite de los Almacenes Miranda, botellas de gaseosa de Ramos, los muebles de las ferreterías Guisasola y Casa Grande, la báscula y el primer cartel de la farmacia Miranda o herramientas de la imprenta La Magdalena y de la galletera La Gilda. "También hay elementos de confitería que no sabemos de donde vienen, la donación tiene un origen desconocido y estaban ya en el Museo Etnográfico, en La Cardosa", detalla Sánchez

En la siguiente sala se ha instalado una antigua barbería y la primera planta culmina con una zona dedicada a recrear una casa burguesa de mediados del siglo XX con los muebles originales del Consistorio, un piano y otros elementos, como la vajilla de la fonda La Cloya. Más arriba, en el segundo piso, se ubicarán dos colecciones de primer nivel. Casi un centenar de cámaras fotográficas cedidas por Corsino Fernández, "propietario de una de las colecciones más importantes de España", señala Sánchez. La muestra incluye un cuarto de revelado y la única cámara antigua para fotografiar presos que hay en el país. También están los acordeones de Felipe Rubial. "Una muestra muy interesante por la importancia del instrumento en Asturias", destaca la historiadora.

Además, se aprovecha cada rincón del inmueble con fotografías antiguas muy singulares que también han sido ofrecidas por los vecinos. Se podrán ver las viejas escuelas, panorámicas de la villa o edificios ya desaparecidos como el chalet de Tumballobos, arrasado en la riada de 1921, entre otros. Las imágenes han sido digitalizadas en colaboración con el Museo del Pueblo de Asturias, que ha cedido también fotos, y el Instituto de Patrimonio Cultural. También hay sitio para mostrar unos cabezudos hechos por el artista moscón Amado González Hevia, Favila.

El equipo de trabajo de "Llabor" está inmerso en la recta final de la dotación museística en la que quieren que todos los vecinos que han aportado sus objetos o fotografías para crear la colección dedicada a la villa se sientan representados. "Lo más bonito de este museo es que lo han hecho los moscones", resalta Sánchez.

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