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Sentido último adiós a Dacal, que ya descansa en el cementerio de Candás

Familiares y amigos acompañaron el acto para depositar en su villa natal las cenizas de Enrique Rodríguez Cal, primer medallista olímpico asturiano

María José y Bibis Rodríguez, hijas de Dacal, portan sus cenizas a la entrada del cementerio de Candás ante la comitiva de excompañeros del boxeador. Luján Palacios

Enrique Rodríguez Cal, "Dacal II", reposa desde ayer para la eternidad en su Candás del alma mirando al mar, mecido por el viento del norte que sabe bien de sus éxitos deportivos. El exboxeador, de 71 años, primer medallista olímpico asturiano, falleció el pasado miércoles tras una valiente lucha contra la ELA (esclerosis lateral amiotrófica), y tras varios días de homenajes y despedidas, ayer sus cenizas fueron depositadas por los suyos en el cementerio candasín.

"Han sido muchos días, estamos agotadas, pero muy agradecidas por el trato y el cariño inmenso que hemos recibido de tanta gente", explicaban sus hijas, Bibis y María José Rodríguez, muy conmovidas en la última e íntima despedida.

Las acompañaron varios familiares, un grupo de exboxeadores compañeros de "Dacal" y un puñado de representantes de la Corporación municipal de Carreño, su concejo natal, con la alcaldesa Amelia Fernández al frente. No quisieron perderse el adiós amigos como José Antonio Cuervo, "Macana", quien recordaba con un nudo en la garganta cómo "fuimos vecinos en la infancia, uno enfrente de otro". "En un concurso de abrir paquetes de galletas con la boca, sin manos, cuando éramos niños, cuando nadie miraba hacía alguna trampa y echaba las manos", rememoraba con nostalgia, porque "la vida pasa demasiado rápido, y en su caso más aún". Víctor García, del club candasín "Los Gorilas" de piragüismo, José Raúl Suárez, presidente de la Asociación de Personas con Diversidad Funcional de Carreño, o Manuel Muñiz, gerente del Patronato Deportivo Municipal de Carreño, fueron algunos de los asistentes que se sumaron a una despedida sencilla, con apenas una oración a cargo del escritor y teólogo José Marcelino García.

Fue una comitiva breve, con la música de tres gaiteros y varios ramos de flores portados por sus antiguos compañeros de ring: José Luis Naves, Francisco Alba, Jesús Castellanos y Antonio Algar, muy emocionados por la pérdida. "Fue excepcional", convenían antes de dejar las ofrendas ante el nicho en el que fueron depositadas las cenizas de "Dacal II", un gigante en lo deportivo y en lo humano que permanece ya para siempre donde echó sus primeras raíces, en su Candás natal.

Persona muy querida

Aunque con vida en Llaranes, nació en la villa el 17 de noviembre de 1951, en una casa próxima a la plaza de La Baragaña. En ese mismo escenario, y tras conseguir su medalla de oro en los Juegos del Mediterráneo, Dacal posaba hace casi medio siglo ante una cámara de televisión con el objetivo de desvelarles a los espectadores cómo había sido su historia. Una vida entregada al deporte, pero, sobre todo, a su familia, que comenzó, precisamente, en la villa marinera. Y así lo relataba: "Soy Enrique Rodríguez Cal. Hace 23 años que nací en esta casa de Candás y aquí estuve viviendo hasta los siete años". A esa edad, Dacal se mudó a Llaranes, donde empezó, a los 13 años, en el mundo boxeo. Y todo gracias a su hermano mayor, ya fallecido, "Dacal I", como él lo llamaba.

Desarrolló su carrera deportiva en la Atlética Avilesina, fue olímpico por partida doble, llegando incluso a ganar una medalla de bronce en los Juegos de Munich de 1972 y a ser abanderado del equipo español cuatro años más tarde en Montreal. Pero, por encima de todo, fue un vecino querido, y así ha quedado patente estos días.

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