El Instituto de Productos Lácteos (IPLA) ha iniciado la cuenta atrás para su traslado a La Corredoria (Oviedo). El centro de investigación abandonará el próximo año sus instalaciones de Villaviciosa, a pesar del rechazo del Gobierno local y sus múltiples intentos por frenar la decisión del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Las obras del nuevo edificio estarán finalizadas antes de acabar este año, aunque la mudanza se retrasará hasta después del verano de 2023, una vez que esté amueblado. "Si todo va bien nos trasladaremos a partir de septiembre, pero no podemos garantizarlo porque en las licitaciones no se pueden asegurar los plazos", indica la directora, María Fernández.

Las nuevas instalaciones supondrán un antes y un después en el desarrollo del instituto, a la vez que pondrán fin a una de sus demandas históricas: la dotación de más espacio para poder realizar el trabajo. La superficie casi quintuplicará el espacio de los 1.100 metros de las dependencias actuales y contará con un impulso extra por parte de la Unión Europea (UE). Además, abrirá nuevas posibilidades en materia de plantilla, superando previsiblemente los setenta profesionales que a día de hoy trabajan en Villaviciosa. Los técnicos e investigadores, a la espera de este traslado, continúan inmersos en sus actividades. Unos trabajos que está semana han querido dar a conocer a la ciudadanía a través de paneles informativos y dos jornadas de puertas abiertas con motivo de la Semana de la Ciencia.

"Cada vez se visibiliza más el trabajo que hacemos, pero mucha gente se sorprende cuando se dan cuenta de la importante labor que se están realizando en su pueblo, al lado de su casa", afirma Ana Belén Flórez. Esta doctora en Biología ha sido la encargada, junto a Beatriz Martínez y Víctor Ladero, de resolver todas las dudas de las visitas e informar al detalle de las investigaciones que se están llevando a cabo. La dos sesiones realizadas contaron con un gran éxito de participación.

Beatriz Martínez, a la izquierda, guía una visita a las instalaciones maliayesas. | Reproducción de A.G.-O.

Calidad

El centro cuenta con dos principales líneas de investigación. La primera se focaliza en la caracterización de los productos lácteos. Es decir, busca la forma de incrementar su calidad y seguridad. El proceso permite aislar los microorganismos de los quesos para juntarlos y añadirlos en el momento exacto de la elaboración. "Es un trabajo que venimos realizando desde hace tiempo y que ha permitido a las empresas tener un mayor control sobre el proceso, pero también mejorar su calidad. Muchas de ellas han sido premiadas gracias a esta investigación", señala Víctor Ladero.

En la actualidad, el IPLA cuenta con una colección de 250.000 bacterias aisladas y caracterizadas, lo que le permite poder adaptarse a las necesidades de cada producto. Además, en las instalaciones de Villaviciosa se ha habilitado una planta piloto que simula el equipamiento de una empresa quesera con el objetivo de poder realizar las investigaciones lo más adaptadas al beneficiario final, que son las compañías lácteas.

La otra línea de investigación, por su parte, se centra en la dieta y en cómo esta puede influir en el estado de salud de las personas. Los asturianos han comprobado que la alimentación puede afectar a la microbiota mucho más allá de causar problemas gastrointestinales. "Se ha visto recientemente que la composición microbiana cuando está alterada puede afectar al sistema nervioso. Consecuencias que hasta ahora ni se sospechaban", asegura Flórez.