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Maximino García, el gaitero que animó durante medio siglo las fiestas en el valle del Nalón, distinguido en Noreña: “Para mí la gaita lo es todo”

La Casa de Cultura de la Villa Condal acogió el reconocimiento a la trayectoria de cerca de 70 años del intérprete langreano

Por la izquierda, Valentín Fuente, Maximino García, Luis Pola y Rodrigo Joglar

Por la izquierda, Valentín Fuente, Maximino García, Luis Pola y Rodrigo Joglar / P. A.

Pablo Antuña

Pablo Antuña

Noreña

Un reconocimiento que no va destinado ni a los más virtuosos ni a los que más premios consiguieron durante su trayectoria. Pero sí a aquellos que durante años transmitieron su pasión, conocimiento y entusiasmo por la gaita, para preservar y difundir la cultura en torno al instrumento de viento tradicional. En la cuenca del Nalón, por todas las fiestas y encuentros de valle, durante muchos años estuvo presente la figura del gaitero Maximino García, natural de La Campa, en Langreo. Por eso, este año el Conceyu de la Gaita le ha elegido para reconocerle.

“Queremos poner en valor su manera de ser, ilusionar a la gente en torno a una gaita”, comentó Luis Pola, del colectivo, que celebró en Noreña los actos para conmemorar el Día Internacional de la Gaita con la entrega de este galardón en el programa de la jornada. “Este homenaje es por ser un eslabón imprescindible en la cultura asturiana de la gaita”, subrayó Pola sobre Maximino García.

Vitalidad y animación musical a sus 85 años

“Pues claro que me arranco tocar algo”, destacó el homenajeado durante la cita en Noreña, en la que estuvo acompañado por Valentín Fuente, que considera a García “un maestro”. A sus 85 años mantiene intactas sus cualidades con la gaita y recuerda más de una anécdota de años en los que “lo pasé realmente bien”. Porque acumula Maximino García cerca de 70 años de oficio en torno a este instrumento, que es casi parte del ADN de su familia, con hasta cuatro generaciones de músicos. “Para mí la gaita es todo”, contó, emocionado.

De su abuelo Marcelino y de su tío abuelo Corsino le llegaron las primeras influencias gaiteras. Pero fue su padre, Alejandro, el que despertó su afición a tocar. “Le cogía la gaita a escondidas, con la complicidad de su madre, cuanto tenía quince años”, explicó Luis Pola, que recordó sus inicios, tocando en La Felguera, en la Jira a Castandiello.

Esa primera gaita de su padre, con más de cien años, aún la conserva García. Es una joya restaurada que guarda con mucho mimo. Al igual que la primera que tuvo de su propiedad y que le compró a “Maxi el gaitero de La Joécara”, en Sama.

Alboradas, pasacalles, misas, procesiones, fiestas de prao y hasta llevó su música a la rifa de la xata. No faltó nunca ese espíritu musical de un gaitero de corazón, que fue minero de profesión en los Pozos San Vicente y Venturo.

Relevo generacional en la gaita

La jornada del Día Internacional de la Gaita tuvo además dos conferencias, a cargo de Esteban Méndez y Belén Arboleya. Ésta última reflexionó en un momento de su intervención acerca de los cambios generacionales en estilo y contenido. “Percibo que en un concurso se corre muchísimo. Un día estaba oyendo a un neñu, que tocaba bien, pero iba demasiado rápido, y pensaba que quién podía bailar esta melodía”, indició.

Arboleya destacó que las generaciones actuales de gaiteros “tocan como los ángeles, hay verdaderos virtuosos, pero quizás están algo mecanizados y no dan su yo o su toque personal”, argumentó. Y cerró con un llamamiento al relevo y al futuro de este instrumento: “Es importante recuperar las gaitas de toda la vida, y transmitirlas a hijos y nietos”.

El Día Internacional de la Gaita se trasladó este año a Noreña, tras celebrarse otras ediciones en Gijón, como la de 2025, en la que se premió a Kety García. Las actividades, organizadas por el Conceyu de la Gaita, contaron en esta ocasión con la colaboración de la Banda Gaites y Tambores Villa y Condado de Noreña.

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