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La floristería de Laura Martín, en Noreña, se despide entre sonrisas y lágrimas: "He decidido dar un giro a mi vida"

El negocio cerrará sus puertas el próximo 4 de julio, tras más de un cuarto de siglo de trayectoria "llena de recuerdos, conversaciones y satisfacción"

Laura Martín, en el interior de su local en Noreña.

Laura Martín, en el interior de su local en Noreña. / L. R.

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Lucía Rodríguez

Noreña

Más de un cuarto de siglo de historia. La floristería de Laura Martín, en Noreña, cerrará sus puertas el próximo 4 de julio tras 26 años llenos de "recuerdos, conversaciones y satisfacción". Así lo resume su propietaria, cuyo local lleva los últimos años instalado en el Paseo Fray Ramón de la Villa Condal, si bien anteriormente estuvo en la calle Acevedo y Pola. Ha decidido dejarlo y centrarse en disfrutar un poco más de la vida, tras años de trabajo que, destaca, le aportado mucho.

"Es el momento de decir adiós y centrarme en vivir un poco mejor", explica. Admite que "he hecho grandes amistades y voy a echar mucho de menos a los clientes", pero "sigo viviendo en Noreña y seguiré teniendo contacto con la gente, aunque de otra manera", concluye.

Los inicios, como en casi todo, fueron "muy duros". Las puertas de su floristería se abrieron al público un martes de Güevos Pintos. "No había nadie en Noreña" ese día, rememora. Sin embargo, su pasión por las flores le hizo tirar hacia adelante.

"Siempre me han gustado aquellas cosas que sean laboriosas, que puedas sacar un fruto de ello, no a nivel económico, sino de satisfacción personal". Al final, las elaboraciones florales también son una especie de arte. "Todos somos artesanos, aunque cada uno lo trabaje de una manera distinta", indica.

Comenta que hasta que fue madre estuvo "en formación continuamente, hacía, al menos dos cursillos al año". Sin embargo, la maternidad lo cambió todo. "La conciliación era muy difícil y había determinados cursos para los que tenía que desplazarme fuera y no me lo podía permitir", recuerda.

Cuestión de fechas

La florista comenta que, en este tipo de negocio, "trabajamos por fechas". San Valentín, el Día de la Madre o la campaña de difuntos que, asegura, "es la más dura de todas". Para esos momentos de mayor carga de trabajo, "siempre tuve compañeras que me ayudaron, e incluso mi familia, en concreto mi madre, que me apoyó desde los inicios".

Unos inicios que han ido cambiando con el paso de los años y de los que destaca que "la gente le da mucho más valor a lo artesanal ahora que hace 20 años".

Cada pedido lleva mucho trabajo y atención a lo que se está haciendo. Claro, "no es lo mismo mandar un ramo a un hospital que a una residencia de ancianos". Los arreglos florales requieren "hablar con el cliente, saber para qué es y para quién o, incluso, qué personalidad tiene la persona a la que va dirigido, y todo eso influye en una correcta ejecución". Y esto es "lo más complejo del trabajo de un florista", opina.

La floristería de Laura luce ahora un escaparate repleto de carteles que anuncian el próximo cierre. Pero entre todos, hay un texto especial. Uno en el que Laura Martín ha querido dar las gracias a todos los clientes que han confiado en ella durante estos 26 años: "Llenos de calor, de conversaciones y de trabajo. Más de un cuarto con todos mis clientes y compañeros de trabajo, los que estáis ahí y los que ya se fueron". Añade, además, que "a nivel personal no tengo más que satisfacción y buenas memorias que me acompañarán el resto de mi vida".

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