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La hípica coge altura en Maeza: los jinetes más jóvenes de esta edición tienen 13 años y aspiran a llegar a la élite

Javier Catalán y Jesús Arrieta compiten este año en la prueba de 1,25 metros: "Los mayores tienen más experiencia pero nosotros somos más rápidos con los caballos"

Por la izquierda, Javier Catalán y Jesús Arrieta, en Maeza

Por la izquierda, Javier Catalán y Jesús Arrieta, en Maeza / Luján Palacios

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Luján Palacios

Luján Palacios

El Rebollal (Sariego)

La hípica tiene el relevo asegurado en Maeza. A un lado de la pista saregana dos chavales esperan su turno con la tranquilidad de quien lleva toda la vida entre caballos, observando los recorridos de los jinetes más veteranos con la certeza de que ellos también estarán ahí dentro de unos años. Javier Catalán y Jesús Arrieta tienen solo 13 años, pero este fin de semana ya compiten entre los mayores en la prueba de 1,25 metros del Concurso Internacional de Saltos de la Yeguada Finca Maeza, en Sariego. Son dos de los jinetes más jóvenes del certamen y la mejor prueba de que este deporte cuenta con una cantera que viene pisando fuerte.

Compartir pista con deportistas de mucha más experiencia no les intimida, al contrario. Lo consideran una oportunidad para seguir aprendiendo y medir su evolución. "Los mayores tienen más experiencia, pero nosotros también somos más rápidos con los caballos", explica Javier Catalán con una seguridad impropia de su edad. Para él, competir en Maeza supone además una preparación de lujo para el próximo Campeonato de Europa. "Es un concurso muy importante y nos viene muy bien", afirma.

Con los grandes

Natural de Zaragoza, aunque entrena habitualmente en Bilbao, Javier Catalán prácticamente se ha criado entre cuadras y caballos. Su madre dirige un club hípico y él comenzó a montar cuando apenas tenía siete años, y desde entonces no se ha bajado de la montura. "Lo que más me gusta es saltar", resume con sencillez quien ya sueña con abrirse camino en la élite. "Me gustaría competir algún día en grandes concursos con jinetes profesionales", afirma. Mientras tanto, seguirá combinando los entrenamientos con los estudios, tras acabar primero de ESO.

La historia de Jesús Arrieta comenzó algo más tarde, aunque también tiene a Maeza como protagonista. Fue precisamente una visita al concurso la que despertó su vocación (es hijo de Álvaro Arrieta, fundador y presidente de Oxer Sport, la empresa organizadora de los principales concursos hípicos como el de Sariego). "Vine aquí a ver los caballos, me gustó muchísimo y decidí empezar a montar", recuerda. Tenía diez años. Desde entonces, su progresión ha sido constante hasta compartir ahora entrenador, competiciones y objetivos con Javier.

Jesús Arrieta también tiene claro que la hípica es mucho más que montar bien. "Lo más difícil es entenderte con el caballo. No solo tienes que montar bien, también necesitas un buen caballo y estar muy compenetrados", explica. Esa conexión entre jinete y animal, invisible para muchos espectadores, es la que marca la diferencia cuando llega el momento de afrontar un recorrido.

Piquilla

Fuera de la pista tampoco falta el buen ambiente. Entre ellos reconocen que existe la rivalidad propia de cualquier competición, pero siempre desde el compañerismo. "A veces nos picamos un poco, pero es lo normal", comenta Javier Catalán entre risas. Son horas compartidas de entrenamientos, viajes y concursos que terminan convirtiendo a los rivales en amigos.

Los dos tienen tiempo de sobra para decidir su futuro, aunque la respuesta parece bastante clara. Javier Catalán espera llegar a ser jinete profesional. Jesús Arrieta tampoco esconde su deseo de seguir vinculado a este deporte toda la vida. "Si no consigo ser jinete profesional, me gustaría trabajar en cualquier cosa relacionada con este mundo, como herrador o mozo de cuadra", asegura.

Mientras tanto, ambos siguen creciendo paso a paso, acumulando experiencia en escenarios del máximo nivel y demostrando que la edad no siempre marca los límites. En la Yeguada Finca Maeza, donde estos días compiten algunos de los mejores binomios nacionales e internacionales, también hay espacio para quienes representan el futuro. Porque entre los obstáculos de Sariego no solo se disputan clasificaciones; también se empieza a escribir el relevo generacional.

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