La villa de la sidra hace memoria de San Bartolomé: la historiadora Isabel Torrente desvela la azarosa historia del monasterio benedictino, erigido a comienzos del siglo XIII y destruido en 1934
El trabajo sobre el cenobio se integra en una publicación del Círculo Amigos de Nava dedicada al bicentenario de la constitución del concejo

Por la izquierda, Isabel Torrente, Alejandro Calleja (presidente del Círculo Amigos de Nava) y el exalcalde Julián Fernández Montes durante la presentación de la publicación / Círculo Amigos de Nava

El monasterio de San Bartolomé de Nava fue durante siglos mucho más que un centro religioso. Convertido en uno de los principales focos de poder económico, social y jurisdiccional del concejo, desempeñó un papel decisivo en la configuración del territorio y en la consolidación de la casa de Nava. Su evolución histórica protagoniza uno de los estudios de la revista anual del Círculo Amigos de Nava. En ese trabajo, la doctora en Historia Medieval Isabel Torrente Fernández, autora de una monografía previa sobre el tema, reconstruye los orígenes del cenobio a comienzos del siglo XIII, cuando las hermanas Gontrodo y Teresa Álvarez, hijas del poderoso magnate Álvar Díaz de Noreña, promovieron la creación de una comunidad benedictina sobre el patrimonio familiar. Aquella fundación respondía tanto a motivaciones religiosas como a una estrategia de consolidación del linaje, permitiendo mantener bajo su influencia un importante conjunto de tierras y derechos.

La plaza de Manuel Uría, donse se encontraba el convento / Julian Rus
Desde sus primeros años, San Bartolomé inició un proceso continuo de crecimiento patrimonial mediante donaciones, compras, herencias y cesiones. Con el paso del tiempo llegó a controlar un extenso dominio integrado por tierras de cultivo, montes, caserías, rentas, foros y derechos jurisdiccionales que lo convirtieron en una de las instituciones con mayor peso económico de la comarca. Su influencia se extendía más allá del actual concejo y alcanzaba otros territorios próximos, especialmente Bimenes y Noreña La historia del monasterio discurre paralela a la de la casa de Nava, uno de los linajes más influyentes de la Asturias bajomedieval. El cenobio actuó durante generaciones como espacio de enterramiento familiar, símbolo del prestigio nobiliario y elemento de cohesión patrimonial. La protección ejercida por la familia permitió fortalecer su patrimonio y reforzar su posición dentro del entramado político del Principado.
Álvarez de las Asturias
Entre las figuras más relevantes destaca Rodrigo Álvarez de Asturias, cuya política de donaciones contribuyó a incrementar notablemente los bienes del monasterio. La documentación medieval pone de manifiesto cómo San Bartolomé se convirtió en un auténtico señorío eclesiástico, con capacidad para administrar un complejo patrimonio y ejercer una notable influencia sobre la población asentada en su entorno. Tal y como destaca Isabel Torrente, uno de los momentos decisivos de esa trayectoria llegó en 1538, cuando el monasterio fue incorporado al de San Pelayo de Oviedo dentro del proceso de reforma monástica impulsado por la Congregación de Valladolid. La anexión supuso el fin de la autonomía de San Bartolomé y modificó profundamente la organización institucional y patrimonial del antiguo cenobio naveto.
Lejos de poner fin a los problemas, la integración abrió un largo periodo de conflictos que se prolongó durante generaciones. Las disputas afectaron al control de las rentas, la administración del patrimonio, el ejercicio de la jurisdicción, los derechos de patronazgo y la gestión del antiguo coto monástico. La nobleza local, las religiosas establecidas en Nava y las responsables de San Pelayo protagonizaron numerosos litigios por el control de unos bienes cuyo valor económico seguía siendo considerable. La documentación conservada refleja que aquellos enfrentamientos fueron mucho más allá de los tribunales. Se registran episodios de fuerte tensión, resistencia a la pérdida de autonomía, intervenciones de las autoridades civiles y eclesiásticas y una sucesión de pleitos que evidencian la importancia estratégica que seguía teniendo San Bartolomé siglos después de su fundación.
El estudio de Torrente dedica también un amplio espacio a la administración del priorato entre los siglos XVII y XVIII. La gestión de foros, censos, préstamos y diezmos, las visitas de inspección ordenadas por la Congregación de Valladolid y los continuos intentos por mejorar el funcionamiento económico muestran una institución que, pese a haber perdido su independencia, continuaba administrando un patrimonio de gran relevancia.
Cenobio
El estudio de la historiadora permite comprender que la desaparición de San Bartolomé como monasterio autónomo no fue únicamente una transformación religiosa. Supuso también una profunda reorganización del poder territorial en Nava y alteró el equilibrio mantenido durante siglos entre la nobleza local y las instituciones eclesiásticas. El antiguo cenobio emerge así como una pieza esencial para explicar la formación del concejo, la evolución de uno de los principales linajes de la Asturias medieval y las transformaciones políticas, sociales y económicas que marcaron la historia del territorio naveto. El monasterio, ya desacralizado, fue destruido e incendiado los días 7 y 8 de octubre de 1934 durante la Revolución de Asturias
El trabajo se integra en el número 13 de la revista anual del Círculo «Amigos de Nava», una edición conmemorativa del bicentenario de la constitución del concejo que reúne una decena de investigaciones sobre la historia, el patrimonio, la naturaleza y la cultura navetas. El volumen incorpora, entre otros, un trabajo de Julio García-Maribona sobre el histórico alfar de Ceceda; un recorrido por la prehistoria del concejo, firmado por Alejandro Calleja; un estudio de María Julia González dedicado al helecho subtropical Woodwardia radicans; una investigación de Javier Berros sobre la figura de Tomás de la Vallina; y otro de Diego Rodríguez centrado en el equilibrista Bardachey. La publicación se completa con un trabajo de Ana Esther Martínez y Alejandro Calleja sobre la historia del cultivo del tabaco en Nava, una sección literaria con textos de la propia Ana Esther Martínez y un inédito de José Enrique Díaz Mayor, además del balance anual de actividades de la asociación.
Con esta decimotercera edición, el Círculo «Amigos de Nava» consolida una publicación de referencia para la investigación y la divulgación del patrimonio histórico y cultural del concejo. La revista reúne aportaciones de especialistas de distintas disciplinas con el objetivo de seguir ampliando el conocimiento sobre la historia, el patrimonio, el paisaje y la identidad de Nava.
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