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Candás celebra un multitudinario Festival de la Sardina, con cinco mil kilos a la venta y primer premio para el Restaurante Casa Cristina, de Albandi

Siete establecimientos participaron en uno de los eventos centrales de las fiestas de San Félix, con la docena a un precio de 15 euros

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Lucía Rodríguez Alonso

Oviedo

Candás olió este sábado más que nunca a mar, sardinas y sidra. La villa marinera vivió una de las jornadas más esperada del verano con la celebración del Festival de la Sardina en el paseo de San Antonio. El ambiente reflejó la esencia más pura de la romería en la capital de Carreño, con grupos de amigos y familias vestidos con la indumentaria marinera típica: pantalones azules combinados con camisetas blancas y pañuelos a cuadros. El jurado otorgó el primer premio a Casa Cristina, de Albandi, seguido de El Llagarín, de Candás, y Buenavista, de Perlora

Los ganadores, celebrando el triunfo

Los ganadores, celebrando el triunfo / A. F

En esta 55ª edición, la responsabilidad de encender las parrillas y satisfacer a los comensales recayó en siete establecimientos: Casa Cristina, El Llagarín, Bar Antañu, Sidrería Nordeste, El Portalón, El Puerto y Buenavista. Se calcula que en conjunto se sirvieron 5.000 kilos de sardinas, con una media de 300 kilos en cada uno de los puestos participantes. Para esta ocasión, los precios fijados para el consumo popular fueron de quince euros la docena (que incluía dos raciones de pan) y ocho euros la media docena (con una ración de pan).

Preparar una buena sardina tiene su ciencia y en el puerto cada maestro atesora su fórmula. En el estand del Buenavista, Iván González, explicaba: "Traemos 350 kilos de sardinas. El año pasado fueron 300 y vendimos todo. A las cinco menos cuarto ya empezamos a asar, pero llevamos un día montándolo todo". Además, también pusieron a la venta 120 cajas de sidra. Sobre el punto perfecto del pescado, González no duda: "Tienen que quedar no muy hechas por dentro, pero doradas por fuera".

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Estand de Buenavista / Mario Canteli

Por su parte, en el puesto del Bar Antañu, donde siguen apostando por el método tradicional, Diego Tomé destacaba la importancia del tipo de cocción. "Llevamos viniendo cinco o seis años, somos de Gijón, y nosotros las hacemos al espeto. El tubo va con leña y después se espetan, tienen que quedar tostadinas", explicó Tomé.

El festival volvió a medir la excelencia de sus productos a través del concurso oficial. Una cata de la mejor sardina de la jornada. Contó con un jurado de profesionales de la restauración asturiana, y nacional, formado por críticos gastronómicos, reconocidos cocineros y representantes de las más prestigiosas academias culinarias. Los encargados de la valoración probaron a ciegas una a una las sardinas de cada restaurante

Entre sardinas y culetes coincidieron veteranos de toda la vida con visitantes que pisaban la villa por primera vez. Emilio Aguado, vecino del concejo, lleva viniendo desde que empezó y asegura que "cada año es mejor". Viene con su familia y sus nietas a "merendar unas docenas de sardinas". En la misma línea, el joven Jorge Álvarez afirmó que es fiel al festival: "Tengo 23 años y llevo viniendo 23 años". "Las sardinas me saben a mar y a disfrutar con la mejor compañía", subrayó.

"Llevo viniendo trece años y hoy, aunque trabajase, no iba a ser menos. Las sardinas están espectaculares y más con estas vistas", indicó Fernando Ferreras, llegado desde Corvera, que demuestra que las ganas de esta fiesta pueden con todo. La devoción por la sardina no sabe de barreras ni de horarios laborales. Cerca de él, Emilio Menéndez corroboró que "no se puede perder esta cita. Lleva viniendo siete años y ayer disfrutó del día "comiendo sardinas y unas empanadas con la familia, como todos los años".

Manuel Vega, ovetense, acudió este año con un curioso "instrumento casero". Se trata de una guitarra que escancia sidra. Destacó que con este invento tiene "un éxito tremendo". Vega explicó que esta idea se le ocurrió "durante el COVID, a las dos de la mañana un día que no podía dormir, y la verdad que fue una idea tremenda. Las risas que me da no están pagadas".

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Manuel Vega y su "instrumento casero" / Mario Canteli

Incluso las celebraciones más imprevistas encontraron su hueco. Salomé García, vecina de Avilés, acabó festejando la despedida de soltera de su amiga. "Es la primera vez que vengo y me lo estoy pasando genial, además de por la despedida. Cogimos una casa aquí al lado, nos coincidió este evento y no podríamos estar en otro sitio", contó García. "Además, las sardinas están riquísimas y también tienen cervezas sin gluten. Lo mejor es estar con amigas en una fiesta de prao, el año que viene volvemos", concluyó.

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