Treinta culetes para el cumpleaños del Museo de la Sidra: ""Generó mucha ilusión, se supo valorar lo nuestro"
Los protagonistas de la inauguración del centro hace tres décadas rememoran aquel acontecimiento de 1996, el año en que Nava fue "Pueblo ejemplar"

El entonces Príncipe Felipe, en el centro, flanqueado por Sergio Marqués y Julián Fernández, durante la inauguración del museo. |

El Museo de la Sidra de Asturias se prepara para soplar treinta velas como si fueran otros tantos culetes. El próximo 9 de noviembre se cumplirán tres décadas de aquella jornada de 1996 en la que el entonces Príncipe Felipe inauguró en Nava un equipamiento llamado a ser la referencia para conservar y divulgar la cultura sidrera asturiana. El aniversario llega en un momento especialmente significativo, con esa tradición reconocida desde 2024 por la Unesco como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. "Hay que verlo con la perspectiva de estos treinta años, pero en aquel momento generó mucha ilusión. Se supo valorar lo nuestro, empezamos a creer en ello", recuerda Julián Fernández Montes, alcalde de Nava cuando el museo abrió sus puertas.

Miembros de la Cofradía de los Siceratores, escanciando, ante el museo.
La historia había comenzado ocho años antes. El 9 de julio de 1988, durante el XI Festival de la Sidra, el Ayuntamiento de Nava, entonces presidido por Emilio Ballesteros Castro, y el Gobierno del Principado, representado por el consejero de Agricultura Jesús Cadavieco, suscribieron el protocolo para crear en la villa el inicialmente denominado Museo Regional de la Sidra. Ese mismo año, el Ayuntamiento cedió los terrenos para levantar el futuro equipamiento.
Hay una coincidencia que hoy adquiere especial significado. El pregonero de aquel festival de 1988, el escritor y periodista gijonés Fernando Poblet, hablaba ya de "cultura de la sidra", expresión que anticipaba una concepción mucho más amplia de todo lo que rodeaba a la bebida. Para Xuan de Con Redondo, antropólogo experto en cultura sidrera y asesor científico técnico en el proceso de preparación de la candidatura a la Unesco, la creación del museo debe situarse precisamente dentro de ese proceso. "Supuso uno de los hitos de la institucionalización de la sidra, siendo esa institucionalización una operación cultural clave en su construcción como patrimonio cultural por parte de la sociedad asturiana", explica.
De aquel compromiso de Cadavieco a la apertura hubo un camino bastante más complicado de lo inicialmente previsto. Las primeras estimaciones apuntaban a que el museo podría estar terminado en dos años. Fueron necesarios ocho.
Ya con cierto retraso, el paso decisivo llegó en octubre de 1993, cuando el Ayuntamiento adjudicó las obras a Construcción y Gestión de Servicios por cerca de 128 millones de pesetas (769.000 euros), con un plazo de ejecución material de veinte meses. El proyecto arquitectónico lo firmó Juan Ramón Fernández Tresguerres.
Sin embargo, tampoco entonces desaparecieron del todo los problemas. Durante 1994 volvieron a acumularse demoras por incumplimientos de los plazos de la adjudicataria y hasta llegó a plantearse la rescisión del contrato. Ya por entonces, Julián Fernández defendía que el museo debía ser mucho más que un lugar donde reunir y mostrar objetos relacionados con la sidra. La aspiración era convertirlo en "un centro vivo y didáctico", capaz también de dinamizar el turismo y la hostelería.
Disputa con Oviedo
En su complicada trayectoria, el proyecto llegó hasta provocar una disputa entre Nava y Oviedo. A finales de 1994 trascendió la intención del Ayuntamiento de la capital de transformar la plaza de Trascorrales en otro museo dedicado a la sidra. La Corporación naveta reclamó al entonces alcalde ovetense, Gabino de Lorenzo, que desistiese de la iniciativa para evitar la creación de un equipamiento similar al que llevaba años intentando poner en marcha. Oviedo terminó orientando su propuesta hacia un centro sobre la cultura, el folclore y las tradiciones asturianas del que nunca más se supo.
Superado ese reto, en 1995 se derrumbó una de las bóvedas durante las obras y resultó herido un trabajador, lo que provocó otro retraso. A finales de aquel año, sin embargo, el edificio entraba ya en su recta final. La empresa asturiana Ingenia S.A. asumió el desarrollo del proyecto museístico y comenzó a tomar forma la Fundación de la Sidra, creada para gestionar el nuevo equipamiento.
La espera terminó el sábado 9 de noviembre de 1996. Nava vivió aquel día una jornada difícilmente repetible. La comunidad vecinal recibía el premio al "Pueblo ejemplar" de Asturias y la presencia del entonces Príncipe Felipe sirvió también para inaugurar oficialmente el Museo de la Sidra. La inversión realizada rondaba los 210 millones de pesetas (1,26 millones de euros).
Julián Fernández aún conserva treinta años después una imagen de las horas inmediatamente anteriores a la inauguración que resume la expectación con la que la villa recibió el museo. "Hay una anécdota que me presta mucho contar: cómo un grupo de voluntarios y voluntarias terminó de limpiar el museo a las cuatro de la mañana. Al día siguiente venía el Príncipe, el actual Rey, y eso fue compromiso de un pueblo", relata. El exalcalde sitúa aquel esfuerzo dentro de un sentimiento más amplio. El museo, sostiene, significaba también "respeto por la historia y por la actividad que desarrollaron generaciones anteriores a nosotros".
"Pueblo ejemplar"
Leocadio Redondo Espina, cronista oficial de Nava, conserva aquel 1996 como uno de los años fundamentales de la historia reciente del concejo por la coincidencia del "Pueblo ejemplar" y la esperada inauguración. Tres décadas después, resume el arraigo adquirido por el equipamiento de forma rotunda. "No entendería Nava sin la existencia del Museo", subraya.
El centro que abrió sus puertas aquel noviembre apostaba por una museografía interactiva poco habitual entonces. Una gaita electrónica, una bolera virtual y distintos recursos destinados a explicar el proceso de elaboración de la sidra formaban parte de un recorrido que pretendía mostrar mucho más que una bebida. De la pumarada y la manzana al llagar, el escanciado y el chigre, el museo reunía las distintas manifestaciones de una cultura construida durante generaciones alrededor de la sidra.
Leocadio Redondo destaca ese carácter de equipamiento cultural. Considera que está dotado de "un fondo museístico de primerísimo nivel" y subraya el papel que desempeña dentro y fuera de Asturias, "reforzado aún más, si cabe, después del reconocimiento de la cultura sidrera por la Unesco". Su propia relación con el centro sirve como ejemplo: la sala polivalente acogió exposiciones individuales de su obra pictórica en 2003, 2007, 2011 y 2015.
Para Alejandro Calleja, presidente del Círculo Amigos de Nava, la apertura sirvió también para reforzar una relación histórica. "Hace treinta años, la construcción del Museo de la Sidra de Asturias en Nava subrayó el importante papel del concejo en el sector, no tanto en lo cuantitativo como en lo cualitativo. La llegada a las sidrerías y chigres asturianos de la sidra naveta siempre fue motivo de celebración", señala.
"Treinta años después, el Museo de la Sidra representa una oportunidad de desarrollo tanto para el sector sidrero como para la comarca en un momento en el que ambos están sufriendo una importante transformación", concluye Calleja.
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