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Entrevista | Alain Fernández Director gerente del Teatro Prendes de Candás

Alain Fernández: "Los turistas deberían acercarse al teatro costumbrista, es una de las mejores maneras de entender a los asturianos"

"Ver a espectadores de distintas generaciones en las butacas parar las representaciones es el mejor síntoma de que el género goza de buena salud"

Alain Fernández, con las estatuillas de los premios Aurora Sánchez en las vitrinas del Prendes

Alain Fernández, con las estatuillas de los premios Aurora Sánchez en las vitrinas del Prendes

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Luján Palacios

Luján Palacios

Candás (Carreño)

Alain Fernández Fernández lleva décadas vinculado al Teatro Prendes y al impulso del teatro costumbrista asturiano. Director del coliseo candasín, ha convertido el Salón de Teatro Costumbrista en una de las grandes citas estivales de las artes escénicas asturianas. Patrocinada por LA NUEVA ESPAÑA, la 36.ª edición, celebrada del 11 al 23 de agosto, volvió a reunir durante trece jornadas a compañías y aficionados en torno a un género que, lejos de perder fuerza, encuentra nuevos autores, actores y espectadores. Fernández hace balance de la edición y mira también hacia el futuro de una tradición que considera parte esencial de la identidad asturiana.

—¿Qué balance hace de esta 36.º edición del Salón de Teatro Costumbrista Asturiano?

—El balance es muy positivo. La difusión a través de los medios resulta fundamental para el salón, porque permite que la cita llegue a nuevos públicos. Desde hace años recibimos personas que pasan el verano en Asturias, procedentes de lugares como Salamanca o Valladolid, que se acercan al Salón, descubren el género y terminan, incluso, haciéndose abonadas. También hay que destacar el esfuerzo de las compañías, que ha permitido elevar notablemente el nivel de los espectáculos. El hecho de que todos los grupos se concentren aquí durante días favorece que se vean entre ellos, intercambien experiencias e incorporen mejoras en aspectos como la iluminación, la escenografía o el sonido.

—¿Esa evolución también se aprecia en las historias que se llevan al escenario?

—Sí. La renovación de las temáticas comenzó hace años con autores como José Ramón Oliva Alonso, que introdujeron asuntos actuales en el teatro costumbrista. A partir de ahí, muchos actores de otras compañías comenzaron también a escribir para sus propios grupos. Contar con un autor dentro de una compañía tiene una ventaja importante: conoce a los actores para los que escribe y puede adaptar los personajes, los diálogos y las réplicas a sus características. Eso permite desarrollar propuestas diferentes, incluso con papeles de carácter más dramático.

—¿La renovación artística ha ido acompañada de una renovación del público?

—La evolución de las escenografías, el sonido y las temáticas ha contribuido mucho a renovar el público. Vemos familias enteras, con niños de siete u ocho años que acuden con sus padres y sus abuelos. En algunas funciones coinciden varias generaciones, en ocasiones porque tienen familiares o conocidos dentro de las compañías. También se está produciendo una renovación dentro de los propios grupos, con la incorporación de gente joven. Valdesoto fue uno de los ejemplos que inició ese camino y ahora tenemos casos como el Grupo Xana, que cuenta con alrededor de doce componentes de entre 12 y 17 años.

—¿Goza entonces de buena salud el teatro costumbrista asturiano?

—De muy buena salud. La presencia de público de distintas generaciones y la incorporación de jóvenes a las compañías son una prueba de ello. Cuando se ve un patio de butacas lleno y se comprueba que hay gente joven tanto entre los espectadores como sobre el escenario, queda claro que existe relevo.

—Este año, además, se culmina el proceso de reconocimiento del teatro costumbrista asturiano como Bien de Interés Cultural (BIC). ¿Qué puede aportar esta declaración?

—Es, sobre todo, un reconocimiento. El empuje ya lo tiene gracias a las compañías, al público y al trabajo que se viene desarrollando desde hace años. Se reconoce una expresión teatral que considero única en España. Su singularidad puede compararse, salvando las distancias, con el teatro Kabuki japonés. El Kabuki tiene unas pautas, unas normas y una forma de comportarse propias de la cultura japonesa. El teatro costumbrista asturiano también tiene unas características perfectamente identificables: una determinada manera de comportarse, unos gestos, unos movimientos y, sobre todo, la sorna característica de Asturias.

—¿Esa singularidad puede convertirlo también en un atractivo para quienes visitan Asturias?

—Totalmente. Quienes vienen a Asturias buscan nuestros paisajes, nuestra gastronomía, nuestro folclore o la gaita. También deberían acercarse al teatro costumbrista, porque es una de las mejores maneras de entender a los asturianos. Durante generaciones, los asturianos hemos emigrado y hemos llevado nuestra cultura fuera. Ahora, recibimos a personas de otros lugares y podemos mostrarles no solo nuestros paisajes y nuestra gastronomía, sino también nuestra forma de ser. El teatro costumbrista refleja sobre el escenario cómo somos y cómo nos relacionamos.

—¿Considera necesario que existan más salones dedicados al género?

—El Salón de Candás es único e irrepetible. En otros lugares se hacen actividades similares, pero aquí existe una característica que lo diferencia: durante trece tardes consecutivas concentra a los aficionados al teatro costumbrista. En ese sentido, yo establezco una comparación con el Festival de Cine de Gijón, que durante varios días reúne a los aficionados al cine independiente. Se puede intentar reproducir el modelo del Salón de Candás, pero nunca será exactamente igual, porque detrás hay un trabajo muy importante y una atención especial al público, a las compañías y a los medios de comunicación. Son meses de preparación, además del trabajo que exige el propio desarrollo del Salón y la organización de la gala final de los premios.

—Una gala que tiene un formato particular...

—Cada año escribo una obra de teatro inspirada en las escenografías que fueron premiadas en la edición anterior e intento incorporar a actores y actrices que hayan ganado o hayan sido nominados en años anteriores. Los premios se entregan dentro de esa representación. Por tanto, no es una entrega de premios convencional, sino una obra de teatro en la que se integran los galardones. Intentamos que sea una ceremonia diferente y que el público disfrute. En esta ocasión, consideramos que había que reconocer a todas las personas que han formado parte de este movimiento cultural y social. Por eso proyectamos un vídeo en el que aparecían integrantes de los distintos grupos que han participado en el salón a lo largo de los años. El homenaje terminó con la figura de Arsenio González, a petición de las propias compañías. En el teatro Prendes tenemos las figuras de Alfred Hitchcock y Audrey Hepburn en cartón piedra y los grupos nos pidieron que incorporásemos también la de Arsenio. Además, desde hace años conservamos una grabación de su voz recitando una poesía que escribió para Aurora Sánchez cuando falleció. Utilizamos esa grabación como homenaje a quienes han dedicado su vida al teatro costumbrista. Este año incorporamos también el vídeo y la figura de Arsenio, en una puesta en escena inspirada en las galas de los Goya o los Oscar.

—¿Cómo imagina el Salón de Candás dentro de otros treinta años?

—Espero que siga existiendo y que haya personas dispuestas a continuar el trabajo que se está haciendo ahora. Confío en que quienes vengan después sigan el ejemplo de quienes estuvieron antes y mantengan referentes como Arsenio González. Sobre todo, espero que sigan queriendo este teatro como lo hacemos quienes estamos ahora. Hay que seguir potenciándolo y conservándolo para que pueda mantenerse durante muchas generaciones.

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