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Noreña pasa el río

Un real decreto de 1826 que pudo haber cambiado la historia de la Villa Condal

El real decreto para la desaparición de los cotos jurisdiccionales firmados por Fernando VII en los últimos días del año 1826 pudo haber cambiado la historia de Noreña. Los habitantes y las tierras del coto de Noreña, los cinco vecinos del coto de La Pasera y los veintisiete del de

Noreña 1827. Adoptando una actitud solemne, el cura párroco había anunciado durante la homilía de la misa de 9, que el Rey había integrado el señorío y condado de Noreña en el Ayuntamiento de Siero, cercenando su relación tributaria con el Obispo de Oviedo.

Taberna de vino. En una mesa Jesús (curtidor), Eloy (carnicero) y Ángel (maestro de obra prima) no dan crédito a la noticia. Se preguntan qué va a pasar a partir de ahora. “¿Acaso tendremos que seguir pagando el diezmo a la Iglesia y el impuesto de alcabala al Rey?”

Dice Jesús: “Ahora sí que pasar el puente para ir al mercado a la Pola será para valientes ¡Cómo se reirán de nosotros!”. Con la cabeza baja Eloy entona “Noche de Ronda”. Todos escuchan con un nudo en la garganta aliviado por un trago de vino.

Palacio de Miraflores. En el palacio tampoco agrada el gesto del Rey para incrementar un poder omnímodo que va en contra del pensamiento de las corrientes vigentes en los países del entorno. Manuel María Acevedo y Pola se compromete a buscar los apoyos necesarios para revertir la situación. Piensa que, en la margen izquierda del río: La Campanica, Los Riegos, Miraflores e incluso parte de Ferrera, son feligreses de Noreña, donde pagan el diezmo a pesar de pertenecer a Siero, y acaricia la posibilidad de que esas tierras se sumen al condado arzobispal.

Pola de Siero, 1833. Las aguas vuelven a su cauce. Una cédula real firmada en nombre de la regente María Cristina devuelve la autonomía a la parroquia de Noreña.

Ayuntamiento de Siero. Rosa, Mario y Fausto (escribanos reales) se muestran asombrados. Nuevamente los noreñenses se han salido con la suya, con el apoyo de la Iglesia. “Por eso rezan tanto”, dicen. “Hablaremos con Susana (abogada) para que lleve ante los tribunales esta arbitrariedad”.

La Carrera, octubre de 1839. En la romería se produce un altercado y el Síndico de Noreña es insultado y abofeteado. “Las cosas se están poniendo feas, Eugenia. No voy a poder venir a verte. Cada vez que llego a La Campanica me llueven las piedras y el caballo se asusta y me va a acabar tirando”.

1848 (Álvaro Flórez Estrada se instala definitivamente en Miraflores). Entre la crispación, por fin la sentencia. Noreña incorporará las tierras del diezmario de la margen izquierda. Continuará siendo el concejo más pequeño de Asturias pero casi dobla su extensión con la resolución.

Después de numerosos litigios entre los ayuntamientos defendidos por Manuel María y Susana, la sentencia viene a decir que lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.

Epílogo: Siero, 1848. “María Antonia, resulta muy difícil revertir cinco siglos de historia”, dice Carlos. “Noreña ya estaba aquí antes de la Carta Puebla y no se resigna a perder su autonomía”.

Y la historia continuó su curso.

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