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Leocadio Redondo Espina

Estampas navetas

Leocadio Redondo Espina

Cronista oficial de Nava

“Filomena” y la tercera ola

Las muchas faltas de tantos queridos vecinos que se llevó el mes de enero

El tiempo en el inicio del año estuvo marcado por los embates de la borrasca “Filomena”, que trajeron un notable descenso de las temperaturas y nieve en abundancia, con consecuencias que afectaron en general a toda Asturias hasta bien avanzado el mes de enero. En los últimos días la situación cambió, con una mejoría apreciable que llevó aparejada una subida del termómetro y nos permitió ver el sol, aunque, al final, apareció “Justine” para incomodarnos con sus fuertes rachas de viento.

Con todo, el asunto más importante en este pasado enero fue el elevado número de defunciones, iniciando la primera relación del año con la falta el día 6, en Oviedo, de Isolina Canteli Canteli. Natural de Buruyosa, parroquia de Priandi, Isolina contaba 84 años. Luego, el 9, en Sariego, era Nélida San Martín Alonso la que finaba, a los 92 años. Nélida era natural y vecina de Paraes, Nava, y estaba casada con José Moral González.

El 10 se produjo el fallecimiento de dos personas. Así, finaba en Oviedo, a los 46 años, Jacoba Piquero García. Hija de Benigno y de María Dolores, y hermana de Alberto, Sergio y Hugo, Jacoba estaba casada con Fernando Morán Díez. Y también en Oviedo lo hacía Eladio Sixto Cruña, a los 64 años, que regentó hace años el bar del Piloñu en la villa naveta, estaba casado con Genoveva “Eva” Vázquez Alonso, con la que tenía dos hijas, Mónica y Belén.

Luego, el 14, faltaba en Oviedo Julián Cueto González, a los 69 años. Casado con María Irene García García, con la que tuvo un hijo, de nombre Javier. Julián había nacido en La Vega, parroquia de Ceceda, donde pasó su niñez, y era hijo de Daniel y de Inés, y hermano de Florentino, Jesús y Ana.

Después, el 15, se producían otros dos decesos. En la Plaza Alfonso X de la villa, nos dejaba Camilo Díaz de la Vega, a los 72 años. Nacido en Castañera, Nava, Camilo, que fue minero en Solvay y aficionado a la huerta, estaba casado con María Nieves Santos García, con la que tuvo dos hijos, Alejandro y Pablo. En su domicilio de Pruneda, parroquia de Cuenya, faltaba también Carmen Marcos Barrios, “Carmencita”, a los 80 años de edad.

Carmencita era viuda de Santiago Cáncer Gutiérrez, con el que tuvo la siguiente descendencia: Aurora, Belén, Lina, Isabel (+), Orlando, Pedro Pablo y Santi.

El día 23, en su domicilio de Piloñeta, faltó Manuel Fernández Fernández, que contaba 56 años y tenía una hija, Jenifer. Y el 24, por tercera vez en el mes, volvieron a producirse otras dos defunciones. Pues faltaba, en su domicilio de Quintana, Georgina Ovín Fuente, a los 100 años.

Georgina era viuda de Dalmacio Viado Nava, con el que tuvo tres hijas: Angelita, Amalia y Victorina. Y también nos dejaba, en su domicilio de Cesa, parroquia de Cuenya, Erundina Viña Suárez, a los 98 años. Erundina era viuda de Jaime Marcos Maujo, con el que tuvo dos hijos: Jaime y Ulpiano, “Pano”, maestro que ejerció su profesión en Nava.

Y, por último, el 27, finaban otras dos vecinas. En Sierra, parroquia de El Remediu, faltaba María de la Paz Nélida Posada Sastre, a los 90 años. Nélida era viuda de Constantino Camblor Camblor, con el que tuvo dos hijos, Avelino y José Jesús. Y el mismo día, en Oviedo, nos dejaba Leorgina Vigil Junquera, a los 90 años de edad.

Leorgina, que fue vecina de Viobes, era viuda de Maximino García Villa, con el que tuvo los siguientes hijos: María del Carmen, Miguel Ángel, María Dolores, José Ramón (+) y José Luis.

Para terminar, y en otro orden de cosas, sabemos que ha empezado a recibirse la vacuna, que ha llegado también la llamada cepa inglesa y que, en vista de la situación, las restricciones siguen estando a la orden del día, con el objeto de contrarrestar en lo posible los efectos de la tercera ola de la pandemia.

Entonces, aunque solo sea para intentar alegrar un poco el espíritu, traigo a cuento aquel dicho bienintencionado que decía que “el que pasa el mes de enero, pasa el año entero”.

–Dicen que añu de nieves... –apuntaba, optimista, un paisano.

–Ver veremos –zanjaba, escéptico, el otro.

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