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Leocadio Redondo Espina

Estampas navetas

Leocadio Redondo Espina

Cronista oficial de Nava

Asoma la primavera

Las personas naturales del concejo o afincadas en él que nos dejaron en el mes de febrero

El tiempo pasa volando, y la prueba es que se ha cumplido un año desde que, a primeros de febrero del 2020, la llegada del covid alterara el calendario de nuestras rutinas e ilusiones, forzando un modo de vivir diferente con la aparición de dificultades no conocidas, sanitarias especialmente, pero también, como consecuencia, económicas y de todo tipo, que no todos pudieron superar. Y en la tarea estamos de capearlas hasta donde sea posible después de los doce meses transcurridos. Así pues, con la esperanza al fondo, el día a día nos va marcando pautas, y también nos va señalando los datos de aquellas personas, naturales o afincadas en el concejo, que nos han dejado; que fueron muchas, por cierto, para un mes tan corto.

Empezamos, entonces, con la falta el 7, en Oviedo, de María de las Mercedes Caso Sánchez, “Petrina”. Nacida en Fresnadiellu, parroquia de Ceceda, y residente en Oviedo desde hace tiempo, Petrina, que contaba 88 años, estaba casada con Javier Redondo Parajón, con el que tuvo dos hijos: Javier y Pedro, y era hermana de Enrique (+), Ángel (+) y Amparo. Dotada de simpatía natural y de trato exquisito, Petrina estuvo siempre muy ligada a Ceceda, por lo que, con su falta, se pierde también un pedazo de la historia viva del pueblo de aquellos años cuarenta y cincuenta; cuando había la costumbre de bajar a la estación para ver pasar los trenes, o de asistir a la misa por la mañana y al catecismo por la tarde, o a los partidos de fútbol del Club Ceceda en el campo de Sotu, o a las funciones de teatro, que se representaban en la escuela y después en el llagar de Zoilo, etcétera, etcétera.

Luego, el 15 finaba Consuelo Montes Martínez, “Chelo”. Chelo, que tenía por compañero a José Luis y pasó un tiempo de su vida en Cuba con sus padres, era vecina de Lloréu, Priandi, y contaba 66 años de edad. Y el 17 lo hacía en Oviedo Mario José Cueto Camblor, a los 46 años. Casado con Francisca de Borja González López, con la que tenía un hijo, de nombre Pelayo, Mario José –que era hijo de María Victorina y de Cándido Ramón (+), y hermano de Marta, Fernando y Victoria– había nacido en Lloréu, Priandi, en cuyo cementerio parroquial descansa.

Después, el 21 era A. Onelia del Sastre Vega, “Nely”, la que nos dejaba. Naveta de Llames, Nely, que contaba 88 años, tiene un hermano, Rodrigo del Sastre Vega, que es sacerdote. Y el día 22 anotamos otro par de decesos. Así, en La Cabaña, Tresali, nos dejaba Juan Ignacio Díaz González, a los 76 años. Casado con María Victoria “Toya” Martínez Nicolás, de cuya unión nacieron Patricia, Irene, Marta, Raquel e Ignacio; era Juan Ignacio, a su vez, hijo de Prisciliano, de Tresali, y de Marina, de Grátila, y hermano de Cecilio (+), José María, Paulino (+), Cipriano, Luz Marina y Prisciliano, y cabe decir al respecto que Cecilio (+) fue sacerdote, y que Cipriano lo sigue siendo. Y también ese día 22 nos dejaba en Piloña Rosalía Rodríguez Redondo, a los 89 años. Natural de El Llendón, Nava, fueron hermanos suyos José María (+) y Regina.

A continuación, el 23 faltaba en Oviedo Francisco Pérez Díaz, “Paco”, a los 77 años. Natural y vecino de Paraes, Nava, Paco era hermano de Arsenio Manuel Pérez Díaz. Y el día siguiente, 24, tuve noticia del fallecimiento de Susi, esposa de Eusiquio Gonzalo Arranz, compañero de cuerda en la coral naveta. El matrimonio, como es sabido, reside en Villa, Nava. Por último, el 26 finaba, en Oviedo, Nieves Vega Cocina, a los 99 años. Viuda de Juan Ángel Brea Artamendi, con el que tuvo a María Elena; Nieves, que era la última descendiente de Manuel Vega y de Luisa Cocina que seguía entre nosotros, había nacido en Sienra, parroquia de Ceceda, en cuyo camposanto descansa.

Damos fin al repaso de este febrero que, junto con días nublados, de fuerte viento o lluviosos, nos trajo otros en los que lució un sol templado que fue bien recibido, comprobando, a la vista de la floración que presenta el arbolado y en especial ciertos frutales, que la primavera asoma con pujanza, lo que nos congracia con la naturaleza y nos pone en sintonía con la tierra, con los árboles y con los pájaros.

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