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Leocadio Redondo Espina

Estampas navetas

Leocadio Redondo Espina

Cronista oficial de Nava

El Café Ideal y Casa Dominganes

Una bienvenida, varias despedidas y muchos recuerdos en el tramo final del verano

Alguien se refirió al no verano de julio, así que empezamos agosto comentando la ausencia de sol, que no se dignó a asomar hasta la última parte del mes, pero también se comentó el aumento del precio de la electricidad y, por supuesto, la alta ocupación tanto hotelera como hostelera que alcanzó el Principado. Por cierto, dentro de la actualidad de este sector en la villa, anotamos una apertura y un cierre. La apertura fue la del establecimiento de comidas y bebidas rotulado como Casa Dominganes, ubicado en el local que albergó primero, durante muchos años, la panadería La Flor y, hace algunos, y por poco tiempo, la taberna El Toro. Y el cierre fue el del Café Ideal, establecimiento con solera, prestigio y mucho arraigo en la vida de la villa, y en cuya larga historia marcó una época de seriedad y eficacia el recordado Cecilio de Pedro, que lo regentó durante cincuenta y cuatro años.

Pasamos como sombras los humanos, decía el poeta, y fueron muchos, en agosto, los decesos a lamentar. La lista comienza el día 6 con la falta, en Oviedo, de Aurora Vigil Faya, a los 92 años. Vecina de Villa, Aurora era viuda de José María Teja, de cuyo matrimonio nacieron José Luis, Francisco Javier (+), Valentín, Jaime Antonio y Ana María. Y sigue el 8, cuando finaba en Oviedo Esperanza García Marcos. Vecina de Villabona y conocida también como “Candita”, era viuda de Jaime Pandiella Vega, siendo sus hijos Esperanza, Senén, Marisol, Toño y Vicenta.

Luego, el 10 finaba en Llames de Riba (Nava), Gregorio Pruneda Álvarez, “Gorín”. Gorín, que contaba 73 años, estaba casado con María Isabel Vallina Fernández, con la que tuvo dos hijos varones, Salvador y Pablo. Y el 17 era Paulina Montes Presa la que nos dejaba en Quintana (Nava). Casada con Manuel Vallina Ceñal, el matrimonio tuvo los hijos que siguen; Manuela, María Asunción, Alfonso, Benigno (+) y Manuel Ángel.

A continuación, el 23 faltaba, en su domicilio de Llames de Riba (Nava) Severino Pruneda Torga, a los 67 años. Buen deportista y empleado que fue de Aguas de Fuensanta, Severino era padre de Mónica, Raquel e Isabel Pruneda Bode, y hermano de Ángel, Andrés, José Manuel (+), Carmen Rosa, Avelino y Luis Jorge. Y el mismo día finaba en Oviedo Juan Luis Pruneda Díaz, a los 74 años, Juan Luis era hermano de José Carlos, Moisés (+) y Aurelio, y sus restos descansan en el camposanto parroquial de Tresali. Después, el 24 era María Amparo González Ordóñez, “Abuelita Corazón”, la que nos dejaba, en Gijón , a los 91 años. María Amparo era hermana de Ilda, Agustina y Luisa (+), y madre de María del Carmen González González. Y el 26 lo hacía en Oviedo María Belén Fernández García, Mariel, a los 47 años de edad. Hija de Celia y de José Leandro, y madre de Iván, Mariel, que residía en la calle Plácido Martínez de esta villa, era bien conocida por su actividad en el campo de la política, que la llevó a ser concejala en el consistorio local, en representación del partido Asturianistes por Nava.

Para cerrar la lista, el 28 finaba en Oviedo José Luis Terán Pérez, a los 71 años. De familia con tradición en el mundo de la carpintería, José Luis, que vivía en La Barraca, estaba casado con Begoña Pérez Pérez, siendo padres de Alejando, Begoña y César. Y el 30 nos dejaba en Langreo Leontina Camblor Alonso, a los 88 años. Leontina, que era viuda de Aurelio Carril Palacio, con el que tuvo un hijo, también llamado Aurelio, descansa en el camposanto de El Remediu.

También, en un mes con tanta tradición festiva como es agosto, pasaron, con las limitaciones conocidas, fiestas como las de El Remediu y las de San Bartolo, donde, tras la misa solemne, el tiempo permitió realizar la procesión. Y, hablando de San Bartolo, quiero hoy recordar la Jira de San Bartolomín, que allá por los años sesenta del pasado siglo solía celebrarse el lunes en el campo de fútbol de Grandiella, cuando, a la izquierda del camino de acceso al mismo, y entre la carretera que luego fue calle de La Colegiata y las casetas de los vestuarios, donde ahora se levanta el edificio de la sidrería Prida, había una finca con una instalación de plantas de lúpulo, y luego, ya en el campo, también al lado izquierdo, entre el muro de piedra del chalet que fue de Cocina y la línea de banda, donde después se construyó la tribuna, había una hilera de álamos que proporcionaban una hermosa sombra, aprovechada por los romeros para sentarse en la hierba… Era entonces posible, por ejemplo, ver desde el campo, sin dificultad, el edificio de la ferretería de Ramón, el de Honorio.

Y siguiendo con ese tono, de recuerdos de fiestas, bailes y canciones de otros tiempos, probablemente lo apropiado ahora sea traer a cuento lo que entonaba aquel dúo joven, que decía; “El final, / del verano, / llegó, / y tú partirás…”

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