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José Julián Rodríguez Reguero

Emigración y Navidad

La evolución demográfica de Noreña a través de una historia familiar

Cuando alguien lee la información sobre la hemorragia poblacional de Asturias en las últimas décadas, o sobre el más reciente declinar del número de vecinos de Noreña, aunque de forma incomparable a la despoblación de nuestro Suroccidente, puede tener la sensación de que las cifras no sustentan la realidad cotidiana. Sería conveniente recordar que los datos se refieren a vidas humanas en toda la extensión de las palabras.

Algo similar sucede con la partida imparable de nuestros jóvenes en lo que va de siglo XXI. Para acercarnos a su significado veamos una historia familiar muy próxima.

Hace ya más de un siglo que mi abuelo materno llegó a Noreña en busca de un trabajo en la industria del cuero para escapar del hambre y del rigor de la Tierra de Campos, en Palencia. Sus hermanos fueron más lejos y cruzaron los Pirineos.

Por azar y por necesidad, se convirtió en el segundo marido de mi abuela, que tenía un pequeño negocio de transportes con animales. Ocupó el puesto de su primer marido, que había fallecido por la gripe de 1918.

De este segundo matrimonio nacieron tres hijos y una hija que mantuvieron el negocio del transporte, transitando por todos los medios mecánicos que fueron desarrollándose para el transporte de mercancías, primero, y de pasajeros, después. Eran los difíciles años 50 y la empresa cogió vuelo.

La tercera generación familiar disfrutó del progreso social de los años 70. Ninguno de sus once miembros tuvo que abandonar Asturias para ejercer su trabajo. Aquellos que se quedaron trabajando en casa fueron capaces de hacer la reconversión laboral en un mundo especialmente sometido a cambios estructurales en los años finales del siglo XX.

A día de hoy, la cuarta generación continúa luchando por mantener una actividad que ha superado los cien años. Sin embargo, la mayoría de sus integrantes han pasado a formar parte de la diáspora. Ginebra, Londres, Madrid, Pamplona o Valladolid son sus lugares de acogida para desarrollar sus actividades profesionales. También estas Navidades, skype y whatsapp serán sus medios de comunicación habituales.

Y llegamos a la quinta generación, la cosmopolita, que corretea por medio mundo y que habla varias lenguas, que es la que motiva esta reflexión. No conocen Noreña ni oirán hablar de camiones y autobuses, no aprenderán a tocar un instrumento en la bandina con John, no pondrán la camiseta del Condal en la Pola, tampoco participarán con sus amigos en un campamento y no tendrán sus primeras transgresiones en el Retiro.

Sin duda, sus abuelos los echarán mucho en falta todo el año y ellos no tendrán el apoyo emocional de sus mayores más allá del teléfono móvil.

Feliz Navidad.

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