Opinión

Salchichas de Noreña

Sobre un exquisito embutido de Les Lucianiques que se vendía en Mantequerías Leonesas de Alcalá 21

Hablando hace tiempo con mi admirado amigo Alfonso Ussía, surgió en la conversación un recuerdo que él tenía de su juventud, unas salchichas que su familia adquiría en la prestigiosa casa madrileña Mantequerías Leonesas en Alcalá 21. Se refería el escritor a unas afamadas salchichas denominadas de Noreña y que les había perdido la pista en los comercios especializados. Hablándolo con mi tío Tristán llegamos a la conclusión de que se trataba de un exquisito embutido que elaboraban en una pequeña y coqueta fábrica en El Berrón, fábrica que era conocida como de Les Lucianiques, aunque su nombre comercial era La Covadonga. Pues como tantas otras cosas, las citadas salchichas pasaron a la historia de la chacinería de la comarca, desapareciendo del mercado. Eran del color intenso del pimentón auténtico, más gruesas que las habituales empleadas habitualmente para acompañar al arroz y sus ingredientes muy finamente picados y embutidos en tripa de cordero que es la de menor calibre. Gozaban de gran fama y en Oviedo las vendían en Casa Veneranda donde las distribuía el inolvidable personaje Pachín de la Japia y en algún comercio más. Nosotros las comprábamos en la propia fábrica adosada a la botica de su sobrino Luciano en la calle de la estación, las envolvían en un papel marrón tipo confitería y con cordón color crema. La presentación digna del contenido.

¿Y por qué las llamaban salchichas de Noreña? Muy sencillo. Hasta hace pocos años, la estación del ferrocarril de Langreo de El Berrón tenía la denominación de estación de Noreña, desde allí las facturaban para Madrid y llegaban a Mantequería Leonesas en la capital de España con ese marchamo de Noreña que las hizo populares.

A estas salchichas les sucedió lo mismo que a los jamones de Avilés, que según dejó escrito Don Armando Palacio Valdés en "La novela de un novelista", se encontró en la misma tienda citada, un llamativo cartel donde indicaba que disponían de Jamones de Avilés, sorprendiendo a nuestro escritor, porque él, que había residido en la llamada Villa del Adelantado, jamás había visto un cerdo por allí y mucho menos alguna fábrica de salazones, pero tomaron ese nombre según nos cuenta el amigo y empresario cárnico Carlos Vallina, porque en la estación de RENFE, facturaban para media España los jamones de los cerdos de las matanzas de Tineo, Salas, Cangas del Narcea, etcétera con el marchamo ferroviario de Avilés.