Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Opinión

La calle Iglesia de Noreña

La Villa Condal, de ayer a hoy

Aunque hoy parezca imposible, la calle Iglesia fue la dinamizadora de la vida social y cultural de la villa condal durante gran parte de la segunda mitad del siglo XX.

Bajo la atenta vigilancia de la torre de la iglesia se concentraron allí la emisora parroquial, los dos institutos (masculino y femenino), el salón parroquial y las explanadas que permitían hacer deporte, habitualmente fútbol.

En aquellos años, cualquier actividad social, cultural o recreativa tenía allí su epicentro. Fue el lugar donde palpitaba la vida pública del pueblo, sobre todo la de los jóvenes. También fue la vía de salida para muchos de nosotros hacia la Universidad y para otros hacia la fábrica de Productos Ya, en la que los hermanos Kopke habían introducido la industria cárnica en la modernidad de las relaciones laborales.

En paralelo, por la calle nuevos edificios fueron acogiendo a las familias que se iban sumando al crecimiento de la villa. Una ampliación mayor fue la construcción de los edificios en el Castrillón.

Ahora, el panorama es totalmente distinto. La Iglesia ha perdido influencia en la vida diaria de una villa hasta ese momento arzobispal. El salón parroquial y el instituto masculino han dejado su lugar a nuevas edificaciones. Indudablemente, la calle ha perdido vida. Su contraparte es su bar sin señales de actividad desde hace años y la visión ruinosa de la casa de los zapateros y de numerosos edificios cerrados y con claras señales de abandono, sin que esto sea privativo únicamente de la zona.

Da la impresión que, como a su torre, a Noreña se le ha parado el reloj.

Cuando sale la conversación sobre el tema hay muchos que inciden en que Noreña sigue siendo un lugar ideal para vivir. Una población estable, con buen nivel de renta y de servicios en una superficie pequeña que facilita el desarrollo armónico de los más pequeños y ayuda en la vida social de los mayores. Los noreñenses hemos tenido mucha suerte.

Podemos convivir con un urbanismo amable , disponemos de una oferta educativa difícilmente igualable y Los Riegos son un área recreativa y deportiva excepcional para cualquier edad . Además, las nuevas redes de comunicaciones nos permiten mantener una ágil movilidad.

Irrefutable. Pero hay signos que no permiten ser optimistas para el futuro. Cada vez es más patente la disminución de la actividad en Noreña, al menos en el sector público.

El cese de la actividad industrial ha llevado el presupuesto municipal a niveles de inversión irrelevantes, que se demuestran en la imposibilidad de abrir la Casa de la Música, el auditorio al aire libre o, incluso, asegurar un nivel de mantenimiento y funcionamiento de los servicios públicos básicos.

Estamos muy cerca de que la ola del tsunami de la reorganización de concejos nos arrastre hasta la Pola.

Y aunque en principio fue el Señorío de Noreña y luego la Carta Puebla de la Pola nadie (casi) lamentará el traslado porque la vida diaria mejorará.

Esta mirada está seguro marcada porque en la calle de la Iglesia fuimos jóvenes y probablemente románticos. Ahora, aunque miremos con romanticismo a nuestro alrededor, ya no somos jóvenes.

Tracking Pixel Contents