13 de abril de 2010
13.04.2010

Alberto Galindo: «Cuando se hizo la luz, el color del universo era naranja»

El catedrático de Física Teórica y académico pronunció la conferencia «La gran sinfonía cósmica»

13.04.2010 | 02:00
Alberto Galindo Tixaire, ayer, en el Club Prensa Asturiana, al inicio de su conferencia.

Oviedo, Ángel FIDALGO


«Cuando se hizo la luz, el color del universo era naranja intenso por la temperatura y después fue enrojeciendo» o «estamos recibiendo los fotones de la gran explosión, cuando en el universo se hizo la luz». Éstas fueron algunas de las afirmaciones que realizó ayer Alberto Galindo Tixaire, catedrático de Física Teórica en la Universidad Complutense de Madrid y académico numerario de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, durante la conferencia que pronunció en el Club Prensa Asturiana de LA NUEVA ESPAÑA, que tituló «La gran sinfonía cósmica».


El conferenciante, para empezar, también quiso dejar claro que «la concepción moderna del universo comenzó con Einstein y su teoría de la relatividad, que inicialmente buscó un modelo de universo finito y estable».


Pero antes Galindo Tixaire advirtió de que su conferencia era la continuación de otra anterior, que también pronunció en el Club Prensa Asturiana, con el título: «Armonías en los cielos». Con ella quiso rendir testimonio de admiración a una docena de grandes astrónomos que se enfrentaron al misterio del universo para arrancarle sus primeros secretos.


«Sólo disponían de sus ojos desvalidos, de su portentosa razón y de una pasión y curiosidad desbordantes. Aun así, consiguieron idear las primeras medidas astronómicas, descubrir la precisión de los equinoccios, predecir los eclipses, obtener la forma de las órbitas de los planetas y la causa principal de los movimientos de los astros. Aquella música de los orbes que sólo el maestro Pitágoras podía oír llegó al siglo XVIII transformada en un orden cósmico regido por leyes mecánicas universales».


Después explicó cómo en los últimos treinta años la cosmología ha dejado de ser una ciencia con gran penuria de datos y, por lo tanto, demasiado especulativa, para convertirse en una atractiva ciencia frontera entre la astrofísica y la física de partículas elementales.


Pero todo esto fue posible gracias también a los grandes telescopios, los sistemas intercontinentales de radiotelescopios y los globos y satélites de observación. «Todos ellos nos han permitido conseguir una gran cantidad de valiosos datos que han impulsado el desarrollo de una cosmología de precisión y han revelado algunos hechos sorprendentes. La mayor parte de la materia es de composición desconocida y la expansión actual del universo es acelerada», señaló el catedrático de Física Teórica.


«De todo ello ha surgido un modelo cosmológico de concordancia, nuestro actual sistema del mundo podríamos decir que con aproximadamente una docena de parámetros globales da cuenta de todos los datos observacionales hasta el presente».


Alberto Galindo sostiene que las esperanzas están ahora puestas en la sonda Planck y el gran colisionador de hadrones LHC del CERN. «De la primera, por su gran sensibilidad y su mayor resolución angular, esperamos información del período inflacionario primitivo y del fondo de ondas gravitacionales entonces existente». Del segundo confía en que tal vez produzca, aparte del ansiado bosón de Higgs, materia supersimétrica, «ese hipotético sector que albergaría al mejor candidato a materia oscura».


Explicó que en la actualidad los astrónomos asisten, por un lado, a una sinfonía cósmica virtual que conjuga todas las leyes físicas conocidas y elementos aún hipotéticos y, por otro, a una auténtica sinfonía real en tres tiempos que arranca con la inflación, sigue hasta la liberación de la luz y culmina con el primer brote de estrellas.


Alberto Galindo señaló que desde el principio del siglo XX nuestra visión del universo experimentó cambios radicales. No sólo la física acababa de entrar en las revolucionarias eras cuántica y relativista, sino que además se descubrió la existencia de un universo extragaláctico y su expansión a gran escala, así como su fase singular, extremadamente densa, de gran explosión, que el hallazgo fortuito en 1964 de la radiación cósmica de fondo revelaría que había sido enormemente caliente.


«Hoy los astrónomos asisten, por un lado, a una sinfonía cósmica virtual que conjuga todas las leyes físicas conocidas y elementos aún hipotéticos y, por otro, a una auténtica sinfonía en tres tiempos que arranca con la inflación, sigue hasta la liberación de la luz y culmina con el primer brote de estrellas», detalló el catedrático.


La conferencia estuvo organizada en colaboración con la Facultad de Química y la Real Academia de Ciencias, y se enmarcó dentro del ciclo de divulgación científica y tecnológica.

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