Habla hoy a las 19.30 h. en el Club LA NUEVA ESPAÑA | Marcelo Gullo Politólogo e historiador

"América no era un paraíso antes de que llegara España, era un verdadero infierno"

"Hay una historia negra de los españoles América y una historia rosa de las conquistas de Holanda, Inglaterra, Alemania o EE UU"

Marcelo Gullo. | Lne

Marcelo Gullo. | Lne

María José Iglesias

María José Iglesias

Marcelo Gullo (Rosario, Argentina, 1963), defiende con pasión el legado de España en América, frente a la leyenda negra forjada a través de los siglos. El historiador y polítologo estará el lunes a las 19.30 horas en el Club LA NUEVA ESPAÑA al hilo de su nuevo libro, «Lo que América le debe a España». Le acompañarán Manuel Ruiz de Bucesta, presidente del Instituto Bances y Valdés, y el empresario y académico Álvaro Marañón.

–¿Peligran las relaciones entre España y Argentina, con la llegada de Milei al poder?

–Se ha producido un conflicto inútil y perjudicial. En Occidente se ha perdido el sentido de Estado. Cuando una persona es nombrada jefe de un país ya no responde sólo a su nombre y apellidos, sino también al cargo que ocupa. Un presidente no puede contestar a otro por un insulto como si esto fuera una pelea entre hinchas de fútbol. De todas maneras, esto pasará. El vínculo que une a España con Argentina es mucho más sólido que las torpezas de sus gobiernos.

–¿Ha cambiado la percepción de España en América en los últimos años?

–Ha cambiado radicalmente por la acción de los gobiernos que hemos sufrido en los últimos 20 años en Hispanoamérica. Esos gobiernos de izquierda indefinida, como le gustaba decir a Gustavo Bueno, fueron y son sirvientes de la oligarquía financiera mundial. Evo Morales, Gustavo Petro, Gabriel Boric, Andrés Manuel López Obrador y ahora Claudia Sheinbaum no son nada más que la mano de obra más barata que jamás ha tenido el imperialismo anglosajón. Son caniches de la oligarquía financiera internacional.

–El indigenismo presenta a la América precolombina como una especie de edén.

 –Antes de que España llegara a América aquello no era un paraíso terrenal, era un verdadero infierno donde reinaban el canibalismo, los sacrificios humanos, la esclavitud, el machismo golpeador y la prostitución. En la actual Argentina, entre los mocovíes, cuando una familia con un recién nacido debía viajar, el padre ordenaba a su mujer que diera muerte a la criatura para que no resultase una carga. En Colombia los pijaos capturaban a las mujeres de sus enemigos para abusar de ellas. Entre los guaraníes la prostitución era impuesta por los padres a sus hijas e incluso a sus esposas. Los caciques disponían de todas las mujeres de su tribu. Lo que vivían los pueblos sometidos, como los tlaxcaltecas en México o los huancas en Perú, era un infierno. En México la nación azteca oprimía a las demás naciones de la peor forma posible. Les exigía vidas humanas para llevárselas a sus templos.

–De esos sacrificios sí quedan testimonios...

–Pero no los sacrificaban a los dioses. Las élites aztecas hicieron de la carne humana su principal alimentación. En Perú, cuando el inca Pachacútec murió, se enterraron junto a él mil niños y mil niñas de entre cuatro y cinco años pertenecientes a los pueblos que los quechuas habían dominado.

–Tanta crueldad queda muy alejada del relato predominante.

–Los gobiernos actuales controlan de forma totalitaria la educación. Han impuesto en la escuela ese relato que presenta a América como un paraíso que fue destruido por la llegada de unos barbudos. Al tergiversar la historia comenzaron a inculcar a los niños el odio a España.

–¿Cómo ha llegado hasta esa defensa acérrima del legado español?

–Comencé con «Madre Patria», la continué con «Nada por lo que pedir perdón» y terminé de elaborarla con «Lo que América le debe a España». Existe una gigantesca falsificación de la historia universal. Hay una historia negra de España y de la conquista española de América y en contraposición existe una historia rosa de Holanda, de Inglaterra, de Alemania, de los Estados Unidos y de sus respectivas conquistas. Hubo una guerra gigantesca, entre el protestantismo y el catolicismo, que ganó el bando protestante. La historia la escriben los vencedores y las potencias protestantes la falsificaron.

–Luego vino la Revolución Francesa...

–A esa jauría de potencias que falsificaron la historia se unió después de 1789, por odio al catolicismo, la Francia revolucionaria. Mis libros son la otra cara de la moneda. Si la historia la escriben los que ganan quiere decir que hay otra historia. Esa falsificación de la historia constituye hoy el nudo de lo políticamente correcto. El que controla el pasado controla el presente y construye el futuro.

–Ha estado en Covadonga. ¿Qué le sugirió visitar la llamada Cuna de España?

–Sentí una emoción enorme porque en Covadonga nació España, aunque ni moros ni cristianos lo supiesen entonces. El sentimiento de los hispanogodos se transformó en voluntad. España nació de un acto de la voluntad de un pequeño grupo de hombres que decidieron ser libres y gritaron a los cuatro vientos: «¡Nosotros no aceptamos estar sometidos al imperialismo árabe y jamás nos convertiremos al islam!».

–Hay quien cuestiona incluso que la batalla haya existido en realidad.

–No importa si esos hombres se enfrentaron a un gran ejército o a un puñado de guerreros de Mahoma. Lo relevante es que, si no hubieran decidido jugarse la vida en Covadonga, hoy España no existiría y sería como Argelia o Egipto. Hablaría árabe, rezaría mirando a la Meca y las mujeres irían veladas. Covadonga es la causa primera de la existencia de España.

–¿Qué pudo haber hecho mejor España en América?

–Muchas cosas. Una de ellas no expulsar a los jesuitas. Lo fundamental, más allá de errores y pecados, es que el encuentro de España con América fue un acontecimiento trascendental y el legado, una huella imperecedera. Con la Hispanidad América recibió los valores de la cultura grecorromana católica, y no solo sus clases ilustradas, también los sectores populares se hicieron legatarios del pensamiento de Sócrates, Platón, Aristóteles, Cicerón, San Agustín y Santo Tomás.

–Así que España puso a América en el mapa, del modo más literal.

–Resulta incuestionable que la historia, la religión y el idioma ubican a Hispanoamérica en las coordenadas del mapa cultural occidental, una civilización que España llevó y cultivó en América. España nos hizo legatarios de una cultura maravillosa, más allá de todas las cosas que pudiera haber hecho mejor. Eva Perón lo gritaba a los cuatros vientos cuando ensalzaba la epopeya de la conquista.

–Con el panorama que describe parece difícil encontrar precedentes de defensores de lo español.  

–Los hay. Augusto César Sandino que se enfrentó en Nicaragua al imperialismo norteamericano pistola en mano, a quien nadie en su sano juicio podría acusar de fascista, de nacional católico o de conservador retrogrado, decía «Yo veía antes, hace tiempo, con protesta la obra colonizadora de España; pero hoy la veo con profunda admiración. España nos dio su lengua, su civilización y su sangre. Nosotros más bien nos consideramos como españoles indios de América». Más claro, agua.