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Aurora Astudillo: "La construcción cerebral es una obra de ingeniería"

"En la infancia se consolidan unas conexiones neuronales y se eliminan otras", indica la científica

María José Iglesias

María José Iglesias

OVIEDO

El cerebro humano, el órgano que gobierna la conciencia, emociones y decisiones, sigue siendo uno de los grandes enigmas de la ciencia. Su complejidad estructural y funcional continúa asombrando a los investigadores, que buscan descifrar cómo un amasijo de células en el embrión llega a convertirse en la maquinaria más sofisticada del cuerpo humano.

Aurora Astudillo: "La construcción cerebral es una obra de ingeniería"

Aurora Astudillo: "La construcción cerebral es una obra de ingeniería"

De esa arquitectura habló ayer en el Club LA NUEVA ESPAÑA, repleto de público para escucharla, Aurora Astudillo, catedrática de Anatomía Patológica de la Universidad de Oviedo, durante la conferencia titulada "El cerebro, una mirada a la construcción de su arquitectura", organizada por Tribuna Ciudadana. La presentación corrió a cargo de José Antonio Vega, decano de la Facultad de Medicina de la Universidad de Oviedo.

"Venimos de una sola célula que se va dividiendo hasta formar un amasijo complejo de millones de ellas", explicó Astudillo. En el desarrollo embrionario, la parte más superficial de ese conjunto celular da lugar a las estructuras extraembrionarias, mientras que otras capas comienzan a organizar el sistema nervioso. Poco a poco, se define la arquitectura cerebral: surcos, circunvoluciones y conexiones que, si se mantienen sanas, acompañan a lo largo de la vida, relató. El proceso de construcción del cerebro es, según la investigadora, "una auténtica obra de ingeniería biológica" que no termina con el nacimiento. Durante la infancia y la juventud se consolidan unas conexiones neuronales y se eliminan otras, en un refinado equilibrio entre crecimiento y poda sináptica que condiciona la personalidad, el aprendizaje y la memoria. "Comprender cómo funciona este órgano ha requerido herramientas cada vez más precisas. Durante décadas, el electroencefalograma (EEG) ha permitido registrar las señales eléctricas del cerebro mediante receptores colocados en el cuero cabelludo. Aunque ofrece una visión general de la actividad cerebral, su resolución espacial es limitada", recalcó la científica.

Con el avance tecnológico, otras técnicas han revolucionado el estudio del sistema nervioso. La resonancia magnética nuclear (RMN) permite observar la estructura interna del cerebro con gran detalle, mientras que la tractografía muestra los caminos de las fibras nerviosas que conectan distintas regiones.

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