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García Sánchez: "La nobleza ya no conserva ningún privilegio"

"La última prebenda fue el pasaporte diplomático que se perdió en 1984", señala el historiador

De izquierda a derecha, Manuel Ruiz de Bucesta, Francisco López de Becerra, Alfredo Leonard y Julián Tomás García Sánchez, ayer en el Club LA NUEVA ESPAÑA.    | MARIO CANTELI

De izquierda a derecha, Manuel Ruiz de Bucesta, Francisco López de Becerra, Alfredo Leonard y Julián Tomás García Sánchez, ayer en el Club LA NUEVA ESPAÑA. | MARIO CANTELI

María José Iglesias

María José Iglesias

OVIEDO

"Ni uno solo de los apellidos de los nobles que recibieron la Grandeza de España, de manos de Carlos V, en 1520 permanece entre los actuales titulados. La nobleza en España ya no conserva ningún privilegio y el último que se perdió fue el pasaporte diplomático, retirado en 1984". La supresión se articuló con un Real Decreto que derogó la normativa que contemplaba esta posibilidad.

Así lo explicó ayer en el Club LA NUEVA ESPAÑA el historiador y coronel Julián Tomás García Sánchez, que rescata en un libro los nombres, linajes y circunstancias de las veinticinco familias que, hace más de quinientos años, recibieron de Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico, la máxima dignidad nobiliaria: la Grandeza de España. El acto, celebrado en colaboración con el Instituto de Estudios Históricos Bances y Valdés, fue introducido por Alfredo Leonard, consejero de Relaciones Institucionales del Cuerpo de la Nobleza de Asturias, en presencia de Francisco López de Becerra de Solé, duque de Maqueda y marqués de Astorga, que hoy representará a su esposa, Pilar Paloma de Casanova y Barón, consejera magistral del Real Cuerpo de la Nobleza de Asturias, en el capítulo anual de la corporación nobiliaria. García Sánchez explicó que la "nueva nobleza" comenzó a gestarse hacia 1320, pero fue en 1520, año de la coronación imperial de Carlos en Aquisgrán, cuando el monarca decidió premiar a los nobles que más le habían apoyado, tanto en la Guerra de las Comunidades como en la costosa elección imperial, sufragada en buena medida por aportaciones de estos poderosos linajes. A partir de ahí, el autor explicó las tres características esenciales de la nobleza del Siglo de Oro: riqueza, linaje y privanza. "Los hidalgos, como Don Quijote, carecían de fortuna, pero conservaban los privilegios y el orgullo de su condición", recordó, evocando un tiempo en el que los destinos de España se decidían tanto en los palacios de los reyes como en las casas de sus grandes validos (el conde duque de Olivares o el duque de Lerma). La conferencia repasó también las reglas del linaje: la transmisión masculina del título, los matrimonios concertados para conservar el apellido y excepciones, como la familia de los Ulloa en Galicia, que permitieron la sucesión femenina. n

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