Alfonso Goizueta: "Dejarse llevar por los sueños nos desconecta de la realidad"
"Schliemann fue un quijote de la arqueología, empeñó su fortuna en demostrar que ‘La Ilíada’ es historia", señala el autor de "El sueño de Troya"

De izquierda a derecha, Juan Muñiz y Alfonso Goizueta, ayer, en el Club LA NUEVA ESPAÑA. / Juan Plaza

¿Qué precio estamos dispuestos a pagar por aquello que deseamos encontrar? La pregunta, tan antigua como los mitos homéricos y tan actual como la ambición humana, sobrevuela "El sueño de Troya", la nueva novela de Alfonso Goizueta, finalista del Premio Planeta 2023, especialista en Relaciones Internacionales, que ayer habló en el Club LA NUEVA ESPAÑA de las grandes excavaciones decimonónicas, en un contexto marcado por la fascinación europea por Oriente.
Goizueta situó su relato en plena decadencia del Imperio otomano, cuando la arqueología se convirtió en una herramienta política. La presentación corrió a cargo de Juan Muñiz, arqueólogo, director de las excavaciones de la villa romana de La Estaca, investigador del patrimonio histórico y profesor de la Universidad de Salamanca, quien abrió el acto reivindicando el valor de la literatura histórica: "Agradezco a los escritores que os ocupéis de la historia clásica, un género tan apetecible como necesario", indicó. El joven Nicholas Yannikis, protagonista de la novela, huye de una vida vacía en Atenas para unirse a una expedición arqueológica en la colina de Hisarlik, donde Heinrich Schliemann y su esposa Sofía aseguran haber hallado las ruinas de Troya. Goizueta se detuvo en la figura de Schliemann, a quien definió como un "quijote de la arqueología". De origen humilde, sin formación académica reglada pero dotado de una inteligencia extraordinaria, Schliemann se convirtió en millonario a los treinta años y empeñó su fortuna en demostrar que "La Ilíada" es una fuente histórica real.
Para el autor, Schliemann encarna una pulsión universal: "Puede ser todos nosotros. Hablo de la importancia de tener sueños, pero también de lo que ocurre cuando nos dejamos arrastrar demasiado por ellos: perdemos la perspectiva de la realidad y nos desconecta de ella".
Especial atención mereció el personaje de Sofía, la esposa de Schliemann, una mujer frustrada, convencida de que su marido le permitiría ser arqueóloga. Su historia abre, además, debates de plena actualidad: el revisionismo histórico y la pregunta incómoda sobre el destino de las piezas expoliadas y su posible devolución a los países de origen, cuestión "irresoluble", en su opinión.
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