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Mayte Uceda: "La memoria sana heridas o eterniza los rencores"

"No me motiva escribir sobre la Guerra Civil; la Revolución del 34 me interesa mucho más", señala la autora de "Los amores paralelos"

Por la izquierda, Mayte Uceda y Ana García de Loza, ayer en el Club.  | LUISMA MURIAS

Por la izquierda, Mayte Uceda y Ana García de Loza, ayer en el Club. | LUISMA MURIAS

María José Iglesias

María José Iglesias

Oviedo

"La memoria puede utilizarse para sanar heridas o para eternizarnos en los rencores, es el mensaje que quiero dejar en esta novela". Lo dijo ayer en el Club LA NUEVA ESPAÑA la escritora asturiana Mayte Uceda, autora de "Los amores paralelos" (Planeta), en conversación con la también escritora y pedagoga Ana García de Loza.

Durante más de una hora, ambas desgranaron los entresijos de una obra ambientada en Asturias y profundamente enraizada en uno de los episodios más complejos del siglo XX español: la Revolución de Octubre de 1934. Natural de Granda, (Siero), y residente en Cudillero desde 2006, Uceda explicó que fue precisamente en ese entorno donde encontró el espacio idóneo para dar forma a esta historia. "No recuerdo el día exacto en que sentí la chispa de escribirla", confesó. "Siempre me interesó la Revolución del 34. Es un episodio muy complejo, lleno de matices, y aún hoy, si paseas por Oviedo, puedes ver sus huellas", reflexionó.

La novela sitúa su acción entre Oviedo y las cuencas mineras. A través de la historia de una familia sacudida por los acontecimientos revolucionarios. La autora construye un fresco narrativo que combina memoria histórica, relaciones personales y una reflexión sobre el miedo, la dignidad y el deseo de escapar de un destino marcado por la mina.

Uceda habló también de su manera de trabajar. "Escribo de forma muy intuitiva. Mi proceso creativo está abierto hasta el final", explicó. Incluso el título fue fruto de un trabajo colectivo. "Yo tenía uno, pero esto es un equipo. Propuse varios y ‘Los amores paralelos’ fue el elegido", indicó.

En el diálogo con Ana García de Loza, la autora dejó clara su posición respecto a otros periodos históricos: "No me motiva nada escribir sobre la Guerra Civil". En cambio, la Revolución del 34 siempre estuvo presente en su imaginario. En su caso, además, no se trata solo de interés histórico, sino de una herencia familiar.

Un viaje a las raíces

Su padre y su abuelo trabajaron durante años en la mina. La novela le brindó la oportunidad de mantener largas conversaciones con su padre y de recuperar recuerdos que, de otro modo, quizá habrían quedado en silencio.

"Mi padre fue uno de esos guajes a los que se les modificaba la fecha de nacimiento para que pudieran entrar a trabajar antes en la mina", relató. En la galería, empujaba vagonetas junto a otros niños. "No había ni mulas. Eran ellos quienes las movían y se ocupaban del lavadero". Su abuelo, consciente del peligro constante, decidió marcharse. Padre e hijo lograron trasladarse a Oviedo, buscando una vida lejos del pozo.

La escritora recordó testimonios recogidos de amigos de las cuencas, cuyos abuelos narraban la llegada de las tropas moras o escenas que quedaron grabadas en la memoria colectiva y se transmitieron oralmente a los nietos. "Es algo que se contaba en las casas. A mí me ayudó mucho a componer el retrato de la época", aseguró.

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