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"Con miedo no avanzamos", señalan las científicas reunidas en el Club

Las investigadoras reconocen que aún existe una brecha de género en las carreras STEM y animan a las niñas y jóvenes a tener amplitud de miras

De izquierda a derecha, Marta Pérez, María Fernández, Rosa Menéndez, Teresa Valdés-Solís, Inés  Suárez  y Paula Peñalver.   | FERNANDO RODRÍGUEZ

De izquierda a derecha, Marta Pérez, María Fernández, Rosa Menéndez, Teresa Valdés-Solís, Inés Suárez y Paula Peñalver. | FERNANDO RODRÍGUEZ

María José Iglesias

María José Iglesias

Oviedo

"Con miedo no avanzaremos; las niñas y jóvenes deben ser valientes y atreverse a desarrollar carreras científicas". Ese fue el mensaje claro de las investigadoras reunidas ayer en el Club en un coloquio con motivo del "Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia".

La mesa reunió a Rosa Menéndez, investigadora del INCAR-CSIC y expresidenta del Consejo Superior de Investigaciones Científicas; Inés Suárez, directora de la Escuela Politécnica de Ingenieros de Gijón; Teresa Valdés-Solís, vicepresidenta ejecutiva de la Comisión de Mujeres y Ciencia del CSIC e investigadora del INCAR; Marta Pérez, responsable senior de Proyectos Científicos en AB-BIOTICS; y Paula Peñalver, investigadora del Centro Oceanográfico de Gijón del IEO-CSIC. Moderó el encuentro María Fernández, delegada institucional del CSIC en Asturias y directora del IPLA-CSIC, que destacó la alta contribución del talento femenino a las tareas de la entidad que lidera las tareas de la investigación públcia en España. Inés Suárez confesó que su vocación estuvo clara desde joven: "Siempre quise dedicarme a la ingeniería; dudé con Medicina, pero al final, en ambas carreras ayudas a la gente". Pese a los avances, en la Escuela Politécnica de Ingenieros de Gijón las mujeres siguen representando en torno al 25% del alumnado. También lanzó un mensaje directo a las jóvenes: "Hay que decidirse por un camino y perseguirlo". "La ciencia me ha permitido sentirme útil. Desde el laboratorio haces algo que mejora la vida de los demás", señaló Rosa Menéndez. En su caso, el gran desafío personal fue la estancia posdoctoral en Newcastle, (Reino Unido): "Esos dos años marcaron un antes y un después".

"Yo no tenía vocación de científica", admitió Teresa Valdés-Solís. Fue una profesora la que despertó su interés por la química. Tras finalizar la carrera, realizó la tesis en el INCAR y allí continuó su trayectoria investigadora. Desde la empresa privada, Marta Pérez defendió la transferencia del conocimiento como motor de impacto real. "Mis profesoras me motivaron", afirmó. "La ventaja de la empresa privada es que llevas a la práctica las investigaciones", subrayó. "Desde pequeña sentí esta llamada", indicó Paula Peñalver, evocando libros de animales salvajes, gafas de buceo y amistades que compartían la fascinación por la naturaleza. Estudió Biología y encontró su camino en la Oceanografía.

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