María José Rubio: "La marquesa de Santa Cruz pagó su libertad con la soledad"
"La educación es la base de una persona libre, lo que nadie nunca te puede arrebatar", aseguró la historiadora, en un diálogo con Patricia Bernardo

De izquierda a derecha, María José Rubio y Patricia Bernardo, ayer en el Club LA NUEVA ESPAÑA. | IRMA COLLÍN

"En el siglo XVIII, las mujeres tenían un concepto de la libertad que hoy nos sorprende; la marquesa de Santa Cruz pagó la suya con la soledad". Lo dijo ayer en el Club LA NUEVA ESPAÑA la escritora e historiadora María José Rubio, autora de "La marquesa y Bonaparte", donde narra la relación entre Luciano, el hermano pequeño de Napoleón, embajador en España, y Mariana de Waldstein, la IX marquesa consorte de Santa Cruz. "La educación es la base de una persona libre; frente a la manipulación, es lo único que nadie te puede quitar. Todo lo demás es perecedero. La cultura es lo que más prestigio da", señaló Rubio en una conversación con la jurista y escritora ovetense Patricia Bernardo.
"Escribo ensayo, pero también novela. Esta es una obra basada en hechos históricos", explicó María José Rubio. En el libro, Napoleón no es un personaje como tal, pero su sombra lo impregna todo. La autora evocó aquella Europa sacudida por la Revolución Francesa, el miedo que recorrió las cortes, entre ellas la española, tras la ejecución del rey de Francia en la guillotina, y la sensación de que el Antiguo Régimen comenzaba a resquebrajarse. El reinado de Carlos IV aparece como símbolo del Antiguo Régimen, con la figura de María Luisa de Parma y la presencia inquietante del futuro Fernando VII. "Mientras tanto, Europa asiste a la irrupción de una tormenta política y social que lo arrasa todo", indicó la escritora. En ese contexto emergen Luciano Bonaparte —el hermano filósofo y díscolo del emperador, y, la marquesa, cosmopolita, culta, pintora y académica, nacida en Viena, que desafió convenciones sociales. Frente a ella, su marido, el marqués, prototipo del hombre ilustrado, viudo durante veinte años antes de conocerla en un viaje.
La narración de Rubio reconstruye la pasión y el desencuentro: la marquesa siguiendo a Bonaparte a París; el marqués muerto de pena; el regreso a Madrid para resolver la testamentaría; y la sustitución amorosa por parte de Bonaparte, que descubre al regresar a Francia; el exilio final en Italia y una vida marcada por la pérdida (la muerte temprana de su hija, la condesa de Haro), y por la soledad tras el abandono de su amante. Mariana de Waldstein murió en 1808, con 45 años, durante un viaje de Roma a Viena.
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