30 de abril de 2008
30.04.2008
 

Escudo

30.04.2008 | 02:00

Esta semana tuve la oportunidad de visitar en Tordesillas (Valladolid) el convento de Santa Clara, la prisión de Juana de Castilla, a la que, injustamente, en mi modesta opinión, llamaban «La Loca».


Cuál no sería mi sorpresa al encontrarme con el escudo de Villaviciosa en un precioso estandarte colocado en la iglesia, a la derecha del altar mayor. La señora que explicaba los detalles me dijo que era el escudo de Carlos I, más conocido por Carlos V, el título que ostentaba en Alemania. Reconozco lo poco que sé de mi pueblo, pero, a la vez, me quedé impresionada al comprobar hasta qué punto nos marcó el desembarco de aquel rey, que para mí perdió todo su resplandor al saber lo que hizo con su madre Juana. Quiero pensar que muchas de las tropelías eran ajenas a su voluntad, o a pesar suyo, y procedían de la corte de aprovechados que le rodeaba.

Nosotros rememoramos todos los años el desembarco de Carlos I, que pasó por aquí sin pena ni gloria; sin embargo, en Castilla y León celebran el día de su comunidad el 23 de abril, precisamente la fecha en la que ese mismo rey ajustició a los comuneros Padilla, Bravo y Maldonado, unos nobles que hicieron frente a los abusos de poder del monarca y sus secuaces, imagino que para defender sus intereses, no los del pueblo.


Cuando yo estudiaba, los comuneros eran malos. Se les retrataba como los osados que habían tenido la poca vergüenza de llevar la contraria a la Corte que llegaba de Flandes y trataba de instalarse, a sus anchas, en Castilla. Hace poco, al leer la biografía de la viuda de Padilla, escrita por María Teresa Álvarez, me di cuenta que los malos no eran tan malos. Y no debo ir muy desacertada ya que una autonomía como Castilla y León, que no es sospechosa de independentista, ni separatista, dedica a estos héroes el día de la comunidad y convoca una concentración en la campa de Villalar de los Comuneros, el pueblo en el que fueron asesinados por orden real.


En mi bachiller, allá por los setenta, también se nos decía que en el Imperio de Carlos I de España y V de Alemania no se ponía el sol. No quiero ni pensar a todos los que se habrán tenido que cargar para conseguirlo.


Menos mal que en algún lugar de España lo colocan en su sitio.

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