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Marisa Fernández dice adiós a la Sagrada Familia tras 39 años entre "duendes"

La que fuera directora del centro de Las Vegas dejó la escuela de su vida el pasado agosto: "Cerré una etapa más que gratificante"

Marisa Fernández, en un abrazo colectivo con sus «duendes» en 2022.  | M. F.

Marisa Fernández, en un abrazo colectivo con sus «duendes» en 2022. | M. F.

Illán García

Illán García

Las Vegas

Marisa Fernández decidió a finales del curso pasado dar un vuelco a su vida. La directora y también docente de la escuela infantil Sagrada Familia de Las Vegas puso fin a 39 años de docencia, y a diecinueve como máxima responsable del centro. "Acompañé a once promociones de alumnado", apunta. Su decisión está motivada por varios factores: "La edad, los años dedicados al centro y el cierre de un ciclo natural con la finalización del último curso de otra promoción, era el mejor momento para no dejar a nadie a medias", detalla Fernández, que no duda en que el proyecto "quedaba en buenas manos" después de la integración de la Sagrada Familia dentro de la red de la Fundación Educatio Servanda de colegios Juan Pablo II. "Era el momento idóneo de dedicarme más tiempo a mi misma y cerrar una etapa más que gratificante", apunta la docente.

Finalizó sus estudios de Magisterio en 1985 y en julio del año siguiente se incorporó al mercado laboral. "Empecé cubriendo una baja y ya en septiembre me incorporé de manera permanente y así hasta el 31 de agosto de 2025", indica. Lo resume todo en "una vida dedicada a la educación y al alumnado". Esta avilesina que estudió en el colegio de Las Doroteas hasta COU tiene claro que la educación es "un espacio de crecimiento seguro y feliz" y eso, continúa, es lo que intentó fomentar a sus pequeños no solo en el plano educativo, también en la idea de bienestar personal y la necesidad de "crear lazos" entre ellos. "Siempre me gusta decir que empecé en la escuela con cuatro años y aún no he salido de ella", sonríe con la ilusión de una estudiante que ha visto como algunos de sus alumnos han llegado a cumplir sus sueños de mayores.

Tras casi cuarenta años con el mandil puesto, Marisa Fernández tiene claro que lo que más le ha llenado de su profesión es "la conexión que se crea con las personas". "Me llena el alma ver a mis ‘pequeños duendes’ como yo siempre los he llamado a mis alumnos de mis once promociones, ya hechos y derechos, con sus vidas, sus familias, y que a veces te paren por la calle y te digan: ‘Seño, ¿te acuerdas de cuándo...?’. Eso no tiene precio", relata con emoción en sus palabras. Lo hace cuando habla de sus alumnos, de ninguno en concreto, y piensa en "la huella" que como docente ha dejado en los peques y cómo se les ilumina la cara cuando entienden algo o estar "siempre con la mano tendida cuando lo pasan mal". Por eso no duda en afirmar que mereció la pena cada uno de los días que pasó como docente de una escuela infantil.

Habla de crecimiento personal pero también del centro de su vida, de cuando la educación infantil no era lo es hoy y los recursos eran "los que había". "He sido testigo de cómo la Sagrada Familia creció en infraestructuras, en recursos y, sobre todo, en calidad educativa y en la capacidad de atender a la diversidad del alumnado", apunta la exdirectora del centro, que tras "tiempos difíciles" su escuela pasó a ser "innovadora e inclusiva". "Ser parte activa de ese progreso y de su consolidación es algo de lo que me siendo muy orgullosa", expresa para después tirar de memoria y recordar cuando a su llegada al centro, solo había una planta y el comedor era para dieciocho peques. "Hemos crecido a 3 plantas y llegamos a tener 120 alumnos de comedor. Eso es una muestra clara de la expansión de la escuela", afirma para después recordar el profundo cambio que sufrió Las Vegas en todo este tiempo: "No había ni parques infantiles, todo era un espacio verde que llegaba desde la escuela hasta Los Campos. Hemos sido testigos de cómo se urbanizaba toda la zona alrededor del centro y la parroquia. Ahora hay muchísimos lugares y actividades para la infancia, lo que refleja el desarrollo de toda la comunidad en el cual nosotros siempre hemos contribuido y participado activamente".

Tras 39 años de aula y mandil, aún mantiene el contacto con familias y antiguos alumnos y eso lo considera "un regalo". Una persona que ha dedicado toda su vida profesional a la docencia no ha conseguido desligarse totalmente de ese campo para sus últimos años en activo. Es más, explica, que ahora está centrada en tutorías de la Uned, que es la Universidad a distancia.

"Ahora encaro la educación desde una perspectiva diferente, más académica y de mentoría, una de mis tutorías es el Practicum de Educación Infantil. Es una suerte, porque me permite estar en contacto directo con los centros, conocer las realidades actuales y entrar en las aulas para recargar las pilas con los futuros maestros y, por supuesto, con los peques. Es una forma ideal de seguir aportando mi experiencia", detalla esta avilesina que está abierta a colaborar con la Fundación Juan Pablo II en lo que le demanden. También mantiene una vinculación con la editorial Edelvives con la que ha sacado a la luz varios proyectos: "Es mi manera de mantener ese nexo emocional con el proyecto de mi vida y seguir aportando mi experiencia donde es necesaria".

Marisa Fernández sigue escribiendo cuentos infantiles y otros textos vinculados con la educación y desde una etapa vital de "tranquilidad" tras años "de correr de un lado a otro, entre leyes educativas y el vaivén del aula". "Ahora puedo permitirme disfrutar de la vida de otra manera", concluye Marisa Fernández que comprobó que había acertado de pleno al haberse dejado llevar con aquella vocación de ser maestra.

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