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¡Hasta siempre, Robe!

Paula Expósito

Paula Expósito

Me he sorprendido aguantando las lágrimas en el tren por la muerte de alguien a quien no conocía, qué cosa más extraña, ¡Más humana! Y he visto que, por todo el mundo, había otros llorando conmigo. Con "Extremoduro" nunca estás solo. Pasé todo el día escuchando cantar letras maravillosas a alguien que no existe, pero es eterno como la conciencia humana. Precioso como las flores. Robe ha dejado un legado tan abstracto como los sentimientos que brotaban y morían por sí mismos cuando (por la ventana del tren) contemplé los colores del paisaje.

La primera vez que "Extremoduro" me “sintonizó”, fue en una época en la que sufría bullying y olvidé quién solía ser yo, cuál era mi valor. Perdí por completo la noción de mí misma. Recuerdo caminar por la plaza de Las Meanas una tarde de otoño (como tantas veces) y, con Spotify reproduciendo canciones aleatoriamente, sonaron los primeros acordes de “Si te vas…”. He atravesado esa zona cientos de veces y acostumbro a caminar con la cabeza gacha (pensando compulsivamente), pero bajé el ritmo para admirar la danza de hojas secas y el obelisco iluminado. Pensé en lo bonita que me parece esa plaza cuando el cielo está despejado —Vengo por aquí desde la adolescencia, soy de aquí.— Experimenté un sentimiento de pertenencia con ecos de amor propio. Lo que creía recordar como una canción romántica, ahora me hacía anhelar una parte de mí mucho más íntima: la esencia. La cualidad que nadie puede perder, ni nadie puede robar. "Extremoduro" hizo música para acompañar el ostracismo, para despertar la sensibilidad innata, mucho más poderosa que el pensamiento lógico.

La propia elaboración de este artículo me ha conmovido el corazón. Gracias, Robe, por darme las palabras mágicas que me devuelven la identidad. Serás un ángel de la guarda el resto de nuestras vidas. ¡Hasta siempre!

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